Al QarafaLa ciudad de los muertos

 

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Delirios armónicos: Dead City, Emm Harriss. (Haz click para escuchar)

 

En las faldas de las montañas de Moqqatam y recortada contra la impresionante ciudadela de Ṣalāḥ ad-Dīn, se extiende el complejo funerario de Al Qarafa, comunmente conocido entre los turistas como: “La ciudad de los muertos”.

Una gigantesca necrópolis con un área de casi 7 kilómetros, una urbe por derecho propio en la que más de un millón de personas conviven con los muertos.

Desde la autopista de Salah Salem, si uno aparta la vista de las siempre absorbentes piramides de Gizah, puede observarse la vida correr como un torrente entre tumbas y mausoleos. Abriéndose paso entre los lugares más descabellados.

21888715La necrópolis se remonta a finales del siglo XIV y principios del XV y ha sido testigo del devenir de una civilización. Fue utilizada como lugar de enterramiento para las conquistas árabes Fatimids, Abbasids, Ayyubids, Mamelucos y Otomanos.

Es especialmente recomendable visitar algunas de mezquitas mas imponentes, como la Madraza o el mausoleo de Barquq, un antiguo rey de Egipto.

Principes, sultanes y emires de la dinastía mameluca (1250-1517) descansan en magistrales palacios de arquitectura arabesca.

Cinco grandes cementerios compartimentan el complejo. En el norte pueden verse algunos de los mausoleos más importantes, como la Mezquita de Qaitbey, con una de las cúpulas talladas mas bellas del mundo musulmán.

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No es recomendable visitar la ciudad de los muertos por cuenta ajena. Algunas compañías de viaje organizan tours cerrados en los que apenas permiten apearse del autobús. También se puede contratar un taxista local para que te haga de guía y poder visitar algunos de los mausoleos más apartados del circuito principal.

Entre los Cairotas también existe cierta desaprensión a entrar en Al Qarafa. Para muchos sigue siendo un lugar misterioso y no exento de peligros.

Ohmar, un platero local con un peculiar sentido del humor con el que trabé amistad, me acompañó no sin previa venganza.

Le ofrecí dinero y lo rehuyó, le resultaba mucho más divertido verme pálido como un terrón de azúcar mientras un encantador de serpientes colocaba cobras sobre mi cuello. El platero se desprendió de todas sus joyas, reloj, cartera, móvil y cualquier otro enser con un mínimo de valor y me obligó a hacer lo mismo.

Me vistió con una chilaba blanca y un turbante color hueso, mi abundante barba ayudó bastante a pasar desapercibido. Aún no sé si todo aquello formaba parte de su peculiar sentido del humor pero lo cierto es que no tuvimos ningún problema.

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Una vez dentro de la ciudad de los muertos todo parece distinto, al menos para el visitante. La gente es amable y muy abierta. El único peligro para el turista es su propia imprudencia.

No hay sistema de alcantarillado ni alumbrado público. La basura se amontona bajo un sol febril y el olor puede llegar a ser muy desagradable. El desierto no está lejos y a la vez terriblemente distante.

Los lugareños se han habituado a su curioso paradigma de vida, a la miseria y a la muerte que los rodea.

No siempre fue así, durante la ocupación francesa entre 1778-1801 inició un profundo proceso de transformación.

Si bien desde hace siglos que los más desfavorecidos comenzaron a poblarlo, fue durante la guerra árabe israelí de 1967 en la que los desplazados de la zona del canal de Suez lo acogieron como su única alternativa.

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Es habitual que escenas de la vida cotidiana se mezclen con el sepelio de los difuntos. En Al Qarafa ríen, lloran, bailan, gimen y en definitiva viven siempre en presencia de los muertos. No resulta extraño ver a una familia entera cenar o jugar a la pelota mientras trascurre un funeral a su lado.

Los más afortunados han adquirido contratos con los familiares de los difuntos en los que se comprometen a mantener los mausoleos en buen estado a cambio de poder permanecer en ellos.

Otros tienen que conformarse con edificaciones improvisadas de adobe o ladrillo por las que pagan semanalmente 18 libras, unos 1,78 euros, a un guarda en concepto de seguridad.

Se pueden encontrar todo tipo de de talleres artesanales que producen gran parte de las bagatelas que los turistas compran como reliquias en el templo de Luxor. Incluso posee un animado zocoo en el que artesanos, orfebres y comerciantes intercambian sus mercancías.

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Es recomendable visitarlo los viernes, es el Friday Market, un mercado que se ha popularizado bastante entre los turistas.

A diferencia de los occidentales los egipcios no relacionan los cementerios con un lugar de muerte sino como un sitio donde la vida inicia.

Los niños juegan y ríen entre las tumbas. En la ciudad de los muertos nadie teme a los difuntos ni huye de los fantasmas. Saben muy bien que sólo los vivos pueden hacerles daño. La pobreza y el analfabetismo son las principales inquietudes de sus moradores.

En definitiva la ciudad de los muertos es uno de esos lugares en los que sólo si se escarba en profundidad puede percibirse la belleza que las sombras ocultan.

La belleza de lo eterno y mundano al mismo tiempo.

“That is not dead which can eternal lie;

And with strangers aeons even Death may die.”

“No está muerto lo que puede yacer eternamente;  y con el paso de los extraños eones, incluso la Muerte puede morir.”

Howard Phillips Lovecraft

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