Neuschwanstein: El castillo del Rey loco

Delirios armónicos: LOHENGRIN de Richard Wagner (Haz click para escuchar)

El castillo de Neuschwanstein, el celebre palacio de ensueño en el que Walt Disney se inspiró para la película La bella durmiente y que más tarde explotó como imagen corporativa, la leyenda convertida en mera anécdota.

Así es como la historia se eclipsa, con replicas de castillos en parques de atracciones y mentiras embellecidas hasta que resultan rentables.

Tras la bella fachada de Neuschwanstein, la magnífica joya bávara erigida sobre el lago de los cisnes, la historia ruge y se contorsiona con indignación. En los lujosos salones y en los corredores sombríos aún resuenan los pasos de Ludwig Otto Frederik Wilhelm, el “Rey loco”. Príncipe cisne y último emperador de Baviera.

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Los senderos se ondulan entre las escarpadas montañas bávaras. El aire desciende gélido y mece los bosques de la selva negra, cuya espesura parece devorar el paisaje en una densa hojarasca que parece no tener fin.

A 140 kilómetros de Munich, la ciudad mas cercana, los pueblos se suceden entre los claros de la selva negra.

Las casas más antiguas aún conservan los tabiques de madera, techos tallados y las  elaboradas pinturas en las que se mostraba la profesión tradicional del cabeza de familia.

Con los años esa particular manera de pintar las casas ha desarrollado todo un estilo propio, las famosas lüftlmalerei.

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Con el viento alpino y la fragancia de pinos y cedros descienden los hombres pájaro. Intrépidos aventureros que sin miedo a la muerte se lanzan en ala delta y sobrevuelan los cielos formando bandadas de diminutos triángulos verdes contra el cielo plomizo.

Es un magnífico lugar para disfrutar del deporte de aventura.

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Antes de vislumbrar Neuschwanstein surgir como una espina de plata entre los riscos podremos contemplar el castillo de Hohenschwangau. Fue la residencia familiar y el castillo en el que Luis II paso su niñez. Estaba tan enamorado de aquel lugar que años después decidió emplazar su propio castillo frente al antiguo, utilizando para su construcción piedra y mampostería extraída directamente de Hohenschwangau.

La carretera se funde en la orilla del lago Alpsee. Un espejo cristalino, en el que abundan majestuosos cisnes de cuello alto nadando en torno a montañas ilusorias. Un enclave mágico y conmovedor, el mismo que tantas veces contempló Ludwing, primero desde la ventanas de su palacio y más tarde en las de su prisión.

Si uno se esfuerza mucho, o esta lo suficientemente loco, pude encontrarse en los bosques colindantes a Parsifal, el caballero de grial cuya búsqueda de su propia identidad marcó profundamente el peculiar carácter del monarca.

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Un camino asciende hasta perderse en el bosque. Aunque se puede subir andando (no es mucho pero sí bastante empinado), conviene ir con tiempo y esperar un autobús que pasa regularmente aunque siempre acaba repleto. También se puede subir en una carreta tirada por caballos, es una opción cara pero te da el gustazo de ir mirando a los que ascienden andando con cara de malicia.

El rumor del río Pöllat nos acompaña, mientras ascendemos el castillo de Hohenschwangau va quedando a nuestra espalda. El corazón se acelera, el misterio se desvela ante nosotros y entre el follaje y las ramas surgen las torres de Marfil de la bella Neuschwanstein.

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La construcción del castillo se inicio en 1869 a cargo de un escenógrafo teatral de la corte que ideó un espacio mucho más estético que funcional. Ludwing exigió que fuera edificado únicamente por trabajadores bávaros y con materiales locales.

Está inspirado, quizás de forma vaga e imprecisa, en el castillo medieval de Wartburg, en Turingia.

Con 5 pisos y 360 habitaciones contaba con las más avanzadas prestaciones de la época. Catorce escultores tardaron cuatro años y medio en completar el dormitorio del rey.

Disponía de calefacción, un montacargas unía la cocina y el comedor, disponía de red eléctrica, agua corriente modulable, desagües automáticos e incluso contaba con el primer teléfono móvil de la historia. ¡Con casi 6 metros de cobertura!.

El patio principal se basa en el decorado del segundo acto de la ópera Lohengrin. El Salón de los Cantores es una copia del salón de Wartburg, donde Wagner situó una escena de su ópera.

El Salón del Trono, con un suelo de mosaico de dos millones de baldosas y dos pisos de altura, está inspirado en la Sala del Grial de Parsifal.

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Merece la pena destacar la gruta de Venus, una gruta subterránea con un pequeño lago, cascada y una luna artificial iluminada con luces de colores pensada para la representación  de Tannhäusser.

En realidad todo el castillo parece diseñado para ser utilizado como un gran teatro polivalente en el que Luis podía vivir aislado en su mundo particular.

Luis II de Baviera

Pese a su inmerecida infamia Luis II no estaba loco. Fue una persona inusitadamente sensible a la que nunca le intereso realmente el poder. De carácter soñador, sensible y homosexual reprimido por la sociedad, Ludwing arrastró su secreto durante toda su vida y no tuvo herederos.

En su educación tuvieron una especial preponderancia las cuestiones artísticas. Tanto su padre como su abuelo, eran profundos amantes del arte y la belleza, grandes mecenas de su tiempo y aprendices de poeta. Su abuelo, Luis I fue obligado a abdicar debido a su escandalosa relación con Lola Montes, una estafadora Irlandesa que se hizo pasar por flamenca para conquistar el corazón de un Rey.

Ludwing subió al trono en 1864 a la edad de 18 años, sin experiencia en la vida o en la política.

En 1873 dijo de si mismo: “He sido rey excesivamente pronto. No he aprendido lo suficiente. Había comenzado tan bien, … estudiando derecho público. De repente fui arrancado y sentado en el trono. Ahora, todavía intento estudiar …”

Fue una persona realmente adelantada a su tiempo, con ideas tan rompedoras como un sistema de raíles que debía de conectar los alpes mediante globos aerostáticos.

Gran admirador de Wagner y uno de sus principales mecenas. A pesar de las diferencias que surgieron entre ambos mantuvieron una estrecha relación y se cartearon hasta el final de sus días.

Ante la presión de la corte Luis II se prometió con la princesa Sofía de Baviera. Su prima y hermana de la emperatriz. Harta de la actitud distante y poco interesada del monarca, que parecía mucho mas interesado en Wagner que en ella, la princesa finalmente rompió el compromiso dejando a Luis II sumido en una profunda depresión.

Mientras su pueblo sufría Ludwing dilapidó su fortuna en decenas de castillos de los cuales sólo un par fueron concluidos. La desconexión con el mundo llego a ser total y con el tiempo el mismo se aisló en su castillo de hadas, su ilusión Wagneriana perfecta.

Desde 1885 los bancos extranjeros amenazaban con el embargo de la menguada fortuna real. El rechazo del Rey a reaccionar racionalmente ante esto fue, en 1886, el desencadenante para la declaración de su incapacidad para gobernar y su derrocamiento por el gobierno.

Le diagnosticaron esquizofrenia paranoide y le internaron en el castillo de Berg.

Sólo un día después se le encontró muerto bajo extrañas circunstancias en el lago Starnberg. Ahogado junto a su medico particular, psiquiatra, amigo y según algunas versiones también amante.

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Poema: Tannhäuser de Heinrich Heine

I
Las redes evitad, buenos cristianos,
que Satanás os tienda;
os contaré la historia de Tannhauser,
para que estéis alerta.

Sintió Tannhauser, noble caballero,
de amor y de placer ansias frenéticas;
fue a la montaña de la hermosa Venus;
siete años vivió en ella.

-Señora Venus, mi gentil Señora,
pásalo bien, idolatrada reina,
voy a marchar de aquí; dejarte quiero,
y te pido licencia.

-Tannhauser, noble caballero mío,
aún tus besos mis labios hoy esperan.
Bésame cariñoso,
y explícame las faltas que en mí encuentras.

¿No te escanció jovial todos los días
el mejor vino, como dulce néctar?
Todos los días, a tu noble frente,
¿no ciño rosas frescas?

-Señora Venus, mi gentil Señora,
tósigo son, que suave me envenena,
tus dulces besos y tu dulce vino.
Hoy amarguras ansia mi alma enferma.

Jugamos y reímos demasiado;
lágrimas sólo mi dolor anhela,
en vez de frescas rosas, ceñir quiero
de espinas mi cabeza.

-Tannhauser, noble caballero mío,
¿por qué así te querellas?
No dejarme jamás, mil y mil veces,
me ha jurado tu lengua.

A mi cámara ven, y gozaremos
las emociones del amor secretas;
allí tu sangre encenderá mi cuerpo
blanco cual azucena.

-Señora Venus, mi gentil Señora,
florecerá por siempre tu belleza;
ardieron por ti muchos,
y arderán otros muchos en tu hoguera.

Al pensar en los dioses y en los héroes
a quienes fue tu amor fácil ofrenda,
casi me causa repulsión tu cuerpo,
blanco cual azucena.

Tu cuerpo, sí, cual azucena blanco,
me espanta aún más, si en multitud inmensa
imagino tus nuevos gozadores
de la edad venidera.

-Tannhauser, noble caballero mío,
no hables de esa manera;
prefiero que iracundo me golpees,
como tú me golpeas.

Prefiero que iracundo me golpees
a que me insultes, y mejor quisiera
que para mí, cristiano adusto y frío,
tu corazón cerrase la soberbia.

Porque mucho te amé, recibo y oigo
semejantes ofensas.
Pásalo bien; ya tienes mi permiso.
Ve; yo te abro la puerta.

II
¡A Roma! ¡A Roma! En la ciudad bendita
suenan campanas, cánticos y rezos.
La procesión avanza,
y el augusto Pontífice va en medio.

Es el justo y piadoso Papa Urbano.
Tres coronas le sirven de ornamento;
de púrpura es su manto;
llevan su cola nobles caballeros.

-Escucha, Padre Santo, Papa Urbano,
tranquilo no te dejo,
hasta que oyendo en confesión mis culpas,
me salves del infierno.

Cesan los cantos místicos; se aparta
formando corro el pueblo.
¿Quién es el peregrino? Ante el Pontífice
él se arrodilla, trémulo.

-Escucha, Padre Santo, Papa Urbano,
puedes atar y desatar. Benévolo
sálvame de las llamas infernales,
sálvame del Protervo.

Soy el noble Tannhauser; sentí un día
de amor y de placer el voraz fuego;
la montaña de Venus busqué ansioso,
y siete años viví bajo su imperio.

¡Venus es una hermosa encantadora
que hechiza el alma y encadena el cuerpo;
es más dulce que aroma de las flores
y luz del sol, su acento.

Como, sobre la flor, la mariposa,
revolotea, y en su cáliz tierno
liba la miel, volaba el alma mía
sobre sus labios, cual las rosas frescos.

Ciñen su noble frente
crenchas rizadas de cabellos negros;
cuando nos miran sus rasgados ojos
el hálito perdernos.

Cuando nos miran sus rasgados ojos,
cautivos somos, en sus redes presos.
Para escapar de la fatal montaña
hice un supremo esfuerzo.

Pude escapar de la fatal montaña;
pero me van buscando y persiguiendo
los ojos de la hermosa,
y por señas me dice: -‘Ven de nuevo’.

De día soy cual mísero cadáver;
cobro de noche vida y sentimiento;
sueño en mi hermosa, y viene, y feliz ríe
sentándose en mi lecho.

Ríe feliz, regocijada, loca,
y me muestra, al reír, al descubierto
sus blancos dientes y suspiro y lloro
cuando en sus risas pienso.

Amóla con amor irresistible,
que reprimir no puedo;
es tremenda cascada, que destroza
los diques a ella opuestos.

De roca en roca salta con blanquísimos
borbotones de espuma y bronco estruendo;
se quiebran sus raudales,
mas sigue audaz su curso turbulento.

El cielo a mi hechicera le daría,
si fuera mío el cielo,
el sol, la luna y las estrellas todas
que hay en el firmamento.

Amóla con amor irresistible,
en cuya viva hoguera estoy ardiendo…
¿Son éstas ya las infernales llamas?
¿Los tizones eternos?

Escucha, Padre Santo, Papa Urbano;
puedes atar y desatar; benévolo
sálvame de las llamas infernales;
líbrame del Protervo.

Alzó la mano majestuosa el Papa,
y le habló en estos términos:
-Tannhauser infeliz; es imposible
romper tu encantamiento.

Es el peor de los demonios todos
el que apellidas Venus;
para arrancate a sus hermosas garras,
facultades no tengo.

Debe pagar por siempre el alma tuya
los goces de la carne pasajeros.
Estás ya condenado al perdurable.
suplicio del infierno.

III
Corrió Tannhauser el mundo
llagados los pies tenía.
Al monte de Venus vuelve;
media noche es cuando arriba
Despierta la hermosa Venus;
salta del lecho tranquila;
le tiende los blancos brazos;
le estrecha cariñosísima.
De su nariz brota sangre,
y lloro de sus pupilas;
con la sangre y con el lloro
el rostro al galán le pinta.

El, sin desplegar los labios,
en el lecho se reclina;
ella al fogón se dirige,
y buena sopa le guisa,
La sopa y el pan le ofrece;
los pies le cura y le limpia;
le peina bien el cabello;
le alegra con sus sonrisas.

-Tannhauser, mi caballero,
larga fue tu correría.
Las tierras que has visitado
quiero que tú me las digas.
-Para el país de los celtas
fue mi primera visita;
asuntos en Roma tengo,
y allá fui con ansias vivas.

Roma, junto al río Tíber,
se encumbra en siete colinas;
hablé con el Padre Santo,
y me dio para ti albricias.

De regreso, vi a Florencia
y a Milán, ciudad magnífica;
y entré por los vericuetos
de la selvática Suiza.

Trepé animoso, a los Alpes;
desde allí, ¡qué hermosa vista!
Volaba graznando el águila;
un lago azul sonreía.

Cuando llegué al San Gotardo,
la Germania hallé dormida,
de sus treinta y seis monarcas
bajo la guardia solícita.

Vi la escuela de los vates
en Suavia: ¡menuda y mísera
ralea! con chichoneras
resguardan las cabecitas.

En Dresde vi el mejor perro
que he visto en toda mi vida;
perdió los dientes; no muerde;
pero ladra todavía.

En Weimar, grato a las Musas,
tristes lamentos se oían:
‘-¡Ha muerto Goethe!’ clamaban;
‘¡Y Eckermann aún vive y triunfa!’
»Oí en Berlín fuertes gritos,
y pregunté: -‘¿Por qué gritan?’
-‘Gans, desde el siglo pasado
lección igual nos explica’.
» Florecen todas las ciencias,
mas no dan fruto, en Gotinga,
al llegar en noche obscura,
no vi una luz encendida.

Vi el correccional de Celle;
sólo Hannover lo utiliza;
un correccional nos falta
que a toda Alemania sirva.

La honrada ciudad de Hamburgo
es de bandidos guarida;
y cuando llegué a la Bolsa
aún en Celle me creía.

Estuve en Altona luego;
tiene hermosa perspectiva.
Lo que me pasó en Altona,
te lo contaré otro día».

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