De la inspiración a la locura

 

Delirios armónicos: Humanwine – Rivolta Silenziosa (Haz click para escuchar)

Inspiración, numen, iluminación o musas. Un recóndito limbo entre el sueño y la vigilia, entre la cordura y el delirio. Un sendero en nuestra mente, pasaje de sueños y pesadillas. La inspiración es el puente tras el que se ocultan los mayores portentos surgidos de la imaginación humana, sus angustias más atroces . Palabras baldías y definiciones incompletas para un concepto abstracto, que viene obsesionando a los artistas desde hace miles de años.

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En la mitología helénica las musas eran entidades divinas que susurraban a los mortales los secretos del arte. Los sueños se interpretaban como revelaciones de los dioses, tendencia ideológica que continuó con las diferentes religiones monoteístas que les sucedieron.

Hasta que el renacimiento trajo consigo la idea de un alma libre, más allá de los designios divinos. El ser humano retornó como centro, fuente y destino de toda inspiración. Las maravillas de la mente y sus concepciones.

En la eterna búsqueda del artista por dar con la fórmula de la inspiración, y en otras para conectar con dichas entidades divinas, los artistas y escritores hemos experimentado innumerables caminos con mayor o peor fortuna. Ése destilado único, alquimia quimérica, capaz de abrirnos las puertas de un mundo irreal, en el que todo es posible y nada existe.

the-green-muse-by-albert-maignan - copiaNo hay una composición exacta ni una fuente única. En ocasiones, y para muchos desdichados, la búsqueda de la inspiración se ha tornado en un pasaje peligroso. Una adictiva espiral que desciende hasta rincones insondables de nuestra mente, un abismo del que pocos escapan sin sufrir graves repercusiones psicosomáticas.

Desde la ayahuasca chamánica, el peyote navajo o el opio chino. Viajes, sexo, alcohol, hachís, cannabis, LSD…. o la célebre absenta.

Muchos han buscado la iluminación en el interior de una botella, con el destilado verde del ajenjo como musa y catalizador de su locura.

“Absenta, una alquimia líquida que cambia las ideas”, Ernest Hemingway

Y es que la Absenta no es una bebida cualquiera. La Fée Verte, el hada verde. Es el embriagador elixir de la bohéme, los artistas decadentes y los poetas malditos. También llamado el Diablo verde o Duende verde.

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El bebedor de absenta, Viktor Oliva

Algunas bebidas poseen un carácter propio, un alma que las hace sobresalir sobre el resto como destellos en la noche.

Por ejemplo el ron trae consigo contradictorios recuerdos de la bella cuba y de su carácter alegre, el olor del azúcar de caña, las plantaciones de esclavos y de navíos piratas surcando las aguas del caribe.

El Whisky escocés fermentado en barricas de roble. La sangre de Celtas indómitos con el rostro pintado con los colores de su tribu, hombres vestidos con el tradicional Kilt y acantilados que se alzan ante un mar embravecido.

El sake nos remonta a salones de geishas repletos de Samuráis arrodillados frente a un kotatsu de cerezo. Un reino tradicional de marcada espiritualidad, para cuyos emperadores aislacionistas el honor tenía un valor muy superior a sus propias vidas.

“El whisky y la cerveza son para los tontos; el ajenjo tiene el poder de los magos”, Ernest Dowson

Sin embargo, el absenta es algo más que un una bebida alcohólica, es una reminiscencia de la Belle Époque y de un movimiento cultural y artístico que marcó con fuerza la concepción de nuestro mundo actual. Un tiempo anterior a los horrores de la primera guerra mundial. Retrato de un Paris de finales del siglo XIX, oscuro y luminoso, en el que Heminway compartía mesa con Dalí, putas baratas y burgueses degenerados.

Un exquisito mundo de contrastes, en el que se podía charlar en un cabaret del nacimiento del psicoanálisis con Freud, debatir sobre el impresionismo con Monet, perder todo tu dinero con placer en el Moulin Rouge o morir de sífilis en una zanja como un pobre desdichado más.

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El almuerzo de los remeros, Pierre-Auguste Renoir

Muchos fueron los artistas, escritores y poetas que cayeron bajo el influjo de la Fée Verte: Charles Baudelaire, Paul Gauguin, Toulouse-Lautrec, Oscar Wilde, Alesteir Crowley, Pablo Picasso, Edgar Allan Poe, Mary Shelley, Strindberg , Verlaine, Edward Munch, Jack London, Manet, Rimbaud o Vincent Van Gogh.

Inumerables, irrepetibles.

Almas inmortales que buscaron en la absenta un reflejo de su propia mortalidad. Un pequeño fragmento del cielo y del infierno condensado en una turbia catarsis.

Oscar Wilde afirmaba:

“Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, uno ve las cosas que no existen. Finalmente, uno acaba viendo las cosas tal y como son, y eso es lo más horrible que te puede ocurrir”

Toulouse-Lautrec inventó una mezcla de cognac y absenta a la que llamó “Terremoto” y pintores como Degas, Picasso o Gauguin la usaron como tema central de algunas de sus obras.

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Van Gogh es quizá el caso más tristemente famoso. Estuvo preso en aquel laberinto de adicciones etílicas durante gran parte de su vida y se sirvió de sus tonalidades para pintar muchos de sus cuadros. La leyenda cuenta que Van Gogh se cortó la oreja para regalársela a su puta favorita bajo los efectos alucinógenos de la absenta.

Alejandro Dumas declaró que la absenta había matado a más soldados franceses en el norte de África que las balas árabes.

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En 1840 la bebida fue utilizada como medicamento antipirético por las tropas francesas destinadas en África. Era corriente encontrarla en cualquier bar, café o bistró, en los que desarrollaron y refinaron diferentes métodos para su preparación y posterior consumo.

 En 1860 la Absenta era tan popular que muchos locales y cabarets denominaron las cinco de la tarde como l’heure verte.

La Fée Verte, la verdad tras el mito

 

Pese a la extensa leyenda, alimentada en gran medida por los artistas de la bohéme y la literatura victoriana, la absenta no es una bebida psicotrópica. Aclarar que tampoco es un licor, ya que no se utiliza azúcar en su elaboración.

Es una bebida espirituosa con una alta graduación, entre 50 y 89 grados de alcohol, y una pequeña cantidad de tuyona. Un principio medicinal potencialmente tóxico y alucinógeno en grandes cantidades, común en una gran variedad de especies como el ajenjo, eneldo, salvia o la menta.

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La cantidad de tuyona presente en la absenta no es suficiente para ocasionar efectos psicotrópicos. Es más probable que el consumidor fallezca antes de sentir cualquier efecto alucinógeno más allá de una fuerte embriaguez causada por su alta graduación.

“Entonces, ¿qué mejor que ir con este veneno exquisito en nuestras venas, con su gusto en nuestros labios, y su sabor en nuestros corazones”, Mary McLane.

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La absenta está compuesta principalmente por una mezcla de tres plantas a las que irónicamente se denomina como «la santa trinidad». El ajenjo, de la familia de las margaritas, conocida por los griegos y utilizada por los egipcios como cura para los parásitos intestinales y afrodisíaco. La planta y su uso ya se mencionaba en el Papiro de Ebers.

Al ajenjo se le añade la flor del hinojo y el anís, de cuya esencia conserva la mayor parte de su amargo sabor. En el proceso de elaboración se produce la maceración de las hierbas en alcohol. Destilado y vuelto a macerar hasta que adquiere su característico color verde, quintaesencia de la bebida y sello deleble de la clorofila presente en esa “santa trinidad”.

Origen y ocaso

Aunque el origen exacto del Diablo verde son inciertos, se cree que su destilación se remonta al siglo XVIII. En un pequeño pueblo de Couvet de la región suiza de Val-de-Travers. Época en la cual las hermanas Henriod vendían un tónico de extracto de ajenjo en su convento. Fue el Dr. Pierre Ordinaire, que vivía en el convento en aquella época, el que desarrolló la receta que las eclesiásticas comercializaban como elixir milagroso y revitalizante.

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Un militar retirado, el mayor Dubied adquirió los derechos de la receta en 1797 y creó su propia marca junto a su hijo Marcellin y Henry-Louis Pernoud: “Dubied Père et Fils”. El éxito de la bebida fue tal que a la primera destilería le siguió una segunda en 1805 en Pontarlier con el nombre de “Maison Pernod Fils”.

“¿Cuál es la diferencia entre un vaso de absenta y el ocaso?”, Oscar Wilde

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La absenta se convirtió en la bebida más carismática del Paris del siglo XIX. Un elixir tan popular que pronto traspasó fronteras, convirtiéndose en una bebida de culto muy extendida en el mundo entero. Era un destilado relativamente barato, atractivo, exótico y dotado de gran personalidad.

Con la incorporación de nuevas destilerías el precio se redujo y la competencia aumentó. En ocasiones adulteraban el destilado con cinc y colorantes artificiales que conferían su característico color verde sin necesidad de la clorofila. Las muertes provocadas por la absenta adulterada contribuyeron a aumentar en gran medida su negra leyenda.

Los artistas y escritores que vaciaban sus exiguas carteras la amaban sin medida, los productores, camareros y putas que se lucraban con ella la adoraban. Todos salvo los productores de vino y los dueños de los viñedos franceses, que tras algunos años de malas cosechas se enfrentaron a una de las mayores crisis del sector.

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Bebedores de absenta, Jean-Francois Rafaelli

La histeria y las presiones contrarias a su consumo se desataron cuando Jean Lanfray disparó a su esposa y a dos de sus hijas. Un alcohólico de nacionalidad suiza que asesinó a su familia en estado de embriaguez porque su mujer se había negado a limpiarle los zapatos.

El mismo Jean Lanfray declaró que aquel mismo día había consumido grandes cantidades de brandy, vino, coñac y crema de menta. Pero gracias a la presión de los grupos antialcohol, irónicamente unidos a los productores de vino regionales, lograron que el crimen recayera sobre las dos copas de absenta que Lanfray había tomado.

Los tribunales ignoraron el reiterado alcoholismo de acusado, la prensa obvió la violencia de género y el machismo implícito en el caso y el populacho inculpó al supuesto efecto psicotrópico de la absenta.

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El Diablo verde llegó así al cenit y caída de su leyenda, convertida en una maligna alquimia capaz de arrebatar el raciocinio y llevar a la locura y el delirio a cualquiera lo suficientemente insensato como para consumirla.

Finalmente los distintos grupos de presión consiguieron que la producción de absenta se prohibiera en 1915. Su consumo se prohibió primero en Estados Unidos y después en el resto de Europa, salvo en Gran Bretaña.

La prohibición se mantuvo hasta hace poco y ahora es posible encontrar absenta con diferentes graduaciones (y colores) con relativa facilidad.

 El ritual

 

No es una casualidad que la Fée Verte se convirtiera en el catalizador de los artistas. Al igual que en una invocación a entidades abismales, espectros o seres espirituales, beber absenta venía acompañado de un sacrosanto ritual con ligeros tintes esotéricos.

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Se puede consumir en vaso de chupito, o beberla directamente de la botella si se está lo suficientemente loco y descerebrado. (Pinchar para ver como vacío una botella de absenta, o no). https://www.youtube.com/watch?v=gOO9R3dZYmk

Absinthe Salon, Surry Hills, Sydney

Pero lo correcto es servirla en una copa con fondo abombado de una onza. Para reducir su fuerte sabor amargo se coloca un terrón de azúcar sobre una cucharilla con pequeñas perforaciones, por cada parte de absenta se vierte de entre dos a cuatro partes de agua fría. Con el cauce del agua, el azúcar se diluye en una espesa mezcla blancuzca a la que los franceses llamaban “louche”, que literalmente significa turbio o de mala reputación.

El louche no dura mucho y las sustancias mezcladas tienden a separarse, por lo que hay que consumirlo rápido.

“Mi gloria es un humilde y efímero Absinthe”, Paul Verlaine.

Existen otras variantes del ritual como el método checo, en el que el azúcar se prende sobre la cucharilla para caramelizar la absenta. Otros la mezclaban con diferentes variantes del opio. La más conocida es el láudano, un preparado de opio y alcohol a las que se añadía vino blanco, clavo, azafrán o canela.

El láudano se añadía al terrón azúcar y al diluirse en el absenta podía conferir las propiedades alucinógenas y calmantes del opio.

Un único suspiro antes de alcanzar la iluminación. Una vida, una muerte más allá de la conciencia. La absenta es un camino repleto de sensaciones, donde el pasado susurra canciones de trazos difusos y la mente se diluye para siempre. O al menos durante un instante eterno.

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BAUDELAIRE

EMBRIÁGUENSE:

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:
“¡Es hora de embriagarse!
Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,
¡embriáguense, embriáguense sin cesar!
De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto.

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