La invasión de la Pseudocultura: El avance incontenible y sin contenido

 

He de ser breve, los tempos y tiempos me obligan a ello. Atrapado en el vertiginoso progreso del mundo moderno, en el que todo pretende ser instantáneo. Soluble cual sucedáneo de café, incluso el arte. Vivimos en peligro constante de ser arrollados por una corriente continua que nos incinera de manera alterna.

Ésta inclemente rueda sobre y bajo nuestros pies, desde el mismo núcleo de nuestra historia hasta nubes cargadas de datos inservibles. Los tiempos cambian, el mundo evoluciona tan rápido que las vidas se vuelven suspiros y los suspiros tweets de 140 caracteres. Nuestra existencia condensada, compactada y colgada en Internet. El tiempo es oro y somos tan pobres como avaros.

b281ca50e760b00d3cdd63727e8fff2eNo queda espacio para la meditación profunda, para pensar detenidamente. Tras la acción siempre llega una reacción, pero casi nunca la precede una reflexión. Nos cuesta una fortuna en doblones contemplar un cuadro y desentrañar su significado, interpretar una escultura o profundizar en una trama compleja. Nos da vagancia leer en libro en lugar de ver la película, ni hablamos si este requiere una segunda lectura para su completa comprensión. Somos la generación del YA, del wifi de la banda ancha.

El desarrollo y la profundidad han sido sacrificadas en pos del impacto inmediato. Destacan los recursos rápidos, la virilización de una imagen fugaz que naufraga en su propia superficie. Desmembramientos, cuerpos esculturales, curas pederastas, tetas de escándalo y abdominales marcados, políticos corruptos, bíceps abultados, disparos de fusiles, sexo sin sentido y a veces sin consentimiento, explosiones, sangre, decapitaciones y japonesas en bikini que comen sushi de marcas transgénicas. Salmones cebados en piscifactorías y niños harapientos muriéndose de hambre.

Irónicamente nuestra nueva visión de esta realidad ampliada, de este mundo sin fronteras, también ha encogido de forma análoga nuestra capacidad de atención. Los largos ensayos de los primeros autores y las interminables odiseas han sido sustituidas por novelas de lectura rápida, imprescindibles del cuarto de baño o de largos viajes en tren. Los relatos recortados, en un esfuerzo (en ocasiones absurdo) por transmitir miles de ideas en un solo microrrelato de escasas líneas o incluso palabras.23c365f6af44dd8272a6b5fd1d1f9938

Los poemarios son memes de Internet, verso libre prostituido en unos pocos caracteres. Los pintores siguen llenando lienzos, dedicando vidas enteras a una sola obra maestra, pero comen gracias a ilustraciones de diez minutos que estampan en millones de camisetas, tazas o gorras. Sus murales encogidos, transformados en avatares vistosos carentes de significado.

Estamos sometidos a una metralla de información rimbombante, de visualizaciones superficiales que no irradian más cultura que una piedra de río. Imágenes que compartimos para sentirnos mejor, o más populares, y después olvidamos en post de otra dosis de alto impacto. Hasta que la sociedad queda insensibilizada al dolor, al sufrimiento humano, incapaz de apreciar el arte y con la cabeza llena de gatitos y cuerpos de poliestireno.

En esta extraña tendencia ha surgido una nueva pseudocultura. Un monstruo tan gigantesco, bello y aberrante que aún está por definir. Un ser cambiante que no se rige por normas ni leyes, en principio más independiente social y políticamente hablando que la cultura tradicional, pero que las compañías pugnan ferozmente por corporativizar, o esponsorizar en su defecto. Se trata de los creadores digitales, los influencers modernos, bloggers, gamers y destacando por encima del resto, al menos en influencia y seguidores, los youtubers.

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Para diseccionar mejor estas nuevas tendencias es importante precisar los términos “arte y cultura”, al menos como los conocemos tradicionalmente. La RAE define la cultura como:

eef1d3f4c1ad7ff38f659bc2d3db7483Del lat. cultūra.

  1. f. cultivo.
  2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
  3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
  4. f. desus. Culto religioso.

Cultura física

  1. f. Conjunto de conocimientos sobre gimnasia y deportes, y práctica de ellos, encaminados al pleno desarrollo de las facultades corporales.

Cultura popular

  1. f. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.

Ya puestos me encantaría aclarar que las tradiciones y festejos populares no son cultura, sino cultura popular. Mucho menos la tortura animal, que en la antigüedad estaba al nivel de las batallas de esclavos en el coliseo, la quema de brujas, la cabra lanzada desde el campanario, la horca, los sacrificios humanos o las peleas a muerte entre cristianos y leones. (ya sabemos quién tenía las de ganar, ¿será también el toro cristiano?) Cuyas crueles manifestaciones difícilmente pueden dar lugar a una sociedad más crítica o avanzada.

Igual que un gol de Messi no es una obra de arte, por muy espectacular que sea, ni el sexo tampoco, por mucho que se quejen los vecinos de los gritos y gemidos.

El cuanto al arte, ha sido categorizado de distintas formas a los largo de los siglos, sobre todo debido a su carácter voluble. Las categorías tradicionales son éstas:

a2aeee27daba667cf40a52695265527e1º El teatro

2º La escultura

3º La pintura

4º La música

5º La danza

6º La poesía /literatura

7º El cine

A las que más recientemente se le han incorporado:

8º La Fotografía

9º El cómic o novela gráfica

10º El Videojuego

Es indiscutible que la fotografía pertenece a esta lista, al menos cuando no se dedica a banalizar la belleza exterior sin buscar una mayor relevancia.  En cuanto al cómic, la novela gráfica y los videojuegos nos ofrecen perspectivas muy interesantes de un concepto artístico aún por desarrollar del todo. Géneros que tanto visual como narrativamente puede darnos auténticas joyas, o inundarnos con miles de productos fabricados en masa.

Con la tendencia al impacto rápido y la máxima rentabilidad no se invierte en argumentos desarrollados, en obras complejas que finalmente llegarán a un público muy pequeño.

A esta peculiar alquimia de sentidos añadiría dos elementos más, (tres si los vecinos no se quejaran tanto). En primer lugar tenemos el arte culinario, uno de los grandes infravalorados durante muchos años y que las cadenas de televisión han contribuido a poner en boca de todos, al menos metafóricamente.

Para cerrar la lista, al menos por ahora, tarde o temprano tendremos que incluir a los creadores digitales. Si bien su incursión en el terreno artístico en la mayoría de las ocasiones es cuanto menos dudoso, es indudable que forman parte de nuestra cultura actual. Los youtubers son la punta de lanza de una pseudocultura que lacera nuestro intelecto, pero que ha penetrado profundamente en el corazón de un inmenso público.

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Estos nuevos artistas, muchos de ellos inconscientes y otros irresponsables de sus propias capacidades, se mueven en un terreno metamórfico que abarca miles de ideas, en ocasiones muy poco recomendables o simplementeinmaduras. Sin embargo, incluso en las miasmas y cloacas más hediondas se nutre la vida. De entre los miles de desechos que buscan abrirse camino en una corriente superpoblada a base de cotilleos, material tóxico o directamente desechable, emerge un grupúsculo de verdaderos artistas que sufren las consecuencias de sus compañeros más oportunistas, aunque no por ello menos populares.

Las redes tienen un poder revolucionario, que no se había dado desde el desarrollo de la imprenta por Gutenberg en 1440. Un youtuber escribe limonada y se convierte en el tercer tweet más difundido del mundo. El poder de estos creadores llega a ser absurdo, nuevos dioses de un universo digital, que en escasas ocasiones hacen buen uso de su influencia. Sus sueldos pueden ser astronómicos y en nada tienen que envidiar a la de los pintores o escritores más prestigiosos, llegando a sueldos de varios millones de euros anuales.

“Más populares que Jesús” Aquella resultó la gran vanidad de los Beatles y la realidad a la que se enfrenta esta nueva generación. Mueven a las masas y generan verdadera histeria. Tal es el caso de Christina Grimmie, que igual que Jhon Lennon o Rebecca Schaeffer, fue brutalmente asesinada a balazos por un fan.

Inclinémonos ante la palabra, pues la invasión de esta pseudocultura parece imparable. Muchos aprovechan esa difusión incluso para penetrar en ámbitos completamente ajenos como el mundo del cine o la literatura. Como en todas las facetas artísticas emergentes triunfan los innovadores, aquellos que se unieron a la corriente antes de desbordarse. Por desgracia no todos tienen una sensatez inherente a su repercusión, ni entienden que moldean las mentes de una nueva generación.

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En la mayor parte de los casos la industria y comercialización aniquila cualquier conato de arte inédito. En lugar de servir de ojo escrutador y seleccionar la obra en post de la calidad, se da prioridad al recurso fácil, la difusión inmediata, el impacto visual y en última, y principal instancia, al margen de beneficio. La premisa actual es; más es mejor.

El mercado artístico ha dejado de buscar la trascendencia, se ha corrompido en una cadena de montaje, en otra pieza de la obsolescencia programada de la que padecemos en nuestros ordenadores, móviles y electrodomésticos. El arte y la cultura quieren ser apreciadas, en cambio nosotros la consumimos y desechamos como un café express o una colilla de cigarro.

f5e52f266692fb307c43b4cd9c43aa21La invasión comienza cuando formas parte del enemigo. Nos acecha una miríada de gafapastas intelectuales, que jamás se han leído un libro sin ilustraciones y creen que pueden rebatir cualquier argumento porque han sacrificado dos horas de su vida en una pésima adaptación cinematográfica que se descargaron de Internet. De niños rata, destructores de mundos y apiladores de montañas de estiércol. Dame más cultura, quiero arte en mis paredes, pero que sea gratis, por favor. El dinero es para nuevas monturas sin cristal, que realmente es lo que nos hace parecer inteligentes.

En ese inmenso y turbio océano se pueden encontrar auténticas obras de arte. Muestras de humor inteligente, reflexiones profundas o sorprendentes visiones de ingenio que llegan a trastocar nuestros tópicos y percepciones habituales. Son destellos escasos hundidos en el lodo de la mediocridad, aunque quizás por ello más brillantes y preciados.

6c8226422fc620980e3a34358ced4b75No hay que perder la esperanza, si bien la pseudocultura se alza hasta nuestra barbilla como pútridos desechos que amenazan con asfixiarnos, no hay que obviar las puertas que Internet nos ofrece. Tenemos que recordar que históricamente la cultura ha pertenecido siempre a una pequeña élite, la única capaz de sustentarla o permitírsela. La difusión del artista era mínima, su creación supeditada al capricho de una minoría adinerada.

El arte camina entre nosotros, lucha por salir adelante entre farsantes y mediocres impostores. Simplemente está eclipsado, secuestrado por intereses económicos, abrumado por una competencia superpoblada y sentenciado por gigantes de la banalidad y el cotilleo. Entre la basura germinan las flores más bellas, aquellas que menos gente aprecia y más valor tienen.

¿Tenía que ser breve? ¡Pues váyase usted a la mierda! Las imposiciones y normas me importan más bien poco, los tempos y tiempos siempre recompensan a quien se muestra paciente.

Supongo que esa es mi cultura.

La autoría de las ilustraciones es esta (por orden de inclusión):

1: Bansky

2 y 9: George Redhawk

3 y 7: Simon Stålenhag

4: ¿Ibero? (No logré encontrar su autoría, es lo que sugiere la firma).

5: Antonio Mora

8: Poster de la película:  They live, de John Carpenter (La cual recomiendo).

 

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