Bob Dylan The Times They Are A Changin’ 1964

Hace casi dos meses escribí un artículo sobre las nuevas corrientes culturales y la evolución del arte.

https://reflejosdeabsentablog.wordpress.com/2016/08/28/la-invasion-de-la-pseudocultura/

Sentí que el artículo se extendía y me dejaba muchas cosas por tratar. La noticia de estos días en la que Bob Dylan ha resultado premiado con el Nobel de literatura me pareció la excusa perfecta para reflexionar un poco más sobre los senderos del arte. Las distintas disciplinas y cómo se diluyen y evolucionan con el paso del tiempo… Y en ocasiones retroceden a su origen.

No hace mucho tiempo en un recital me preguntaron quién de los presentes era poeta. Como si entre aquellos que salían a recitar pudiera haber alguna diferencia similar a la étnica o religiosa. La pregunta en sí me pareció extraña. La expresión limitada a un concepto nominal con el que determinar la pertenencia a un grupo, a una categoría artística encorsetada.

¿Cuál es la diferencia entre un artista y alguien que hace arte? ¿Y alguien que vende arte? El cantante, el poeta, el pintor, el fotógrafo, el actor y el esculpido. El Youtuber que dice ser escritor y vende miles de copias por su difusión o el barrendero con un don especial para la literatura en el que las editoriales jamás se fijaron. Todos formando parte de esa gran mentira que es el arte, y de la que tanto disfrutamos.

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Para mí la diferencia entre artista e intérprete, creador y creado es obvia. Se trata de implicación y sacrificio, de aquellos que consideramos la escritura (o cualquier otra disciplina), como parte integral de nuestro ser y no como un pasatiempo o un divertimento. Y puede que de un acuerdo con la locura.

No trato de ser elitista, ni busco privatizar el arte. Pero todo aquel que pretenda ser partícipe ha de educarse, instruirse, practicar, aprender a equivocarse y pagar ese tributo que todo artista ha de entregar; una parte de su propio ser.

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Seamos claros, el arte existe para expresarnos, no para hacernos felices y mucho menos para lucrarse o hacernos ricos. (El que esté en ésto por dinero o tiene mucha suerte o pocas perspectivas de la realidad, en cuyo caso puede que no sea tan mal artista). Es habitual que aquellos artistas a los que más envidiamos tiendan a ser los seres más atormentados y los que terminan con una bala alojada en la pared, tras haber atravesado su cráneo y esparcido su cerebro por la alfombra.

En aquel recital contesté que todos éramos poetas, pues tanto los que recitaban como los que escuchábamos formábamos parte de las entrañas de aquel ser. Todos salvo yo mismo, que en las propias palabras de mis compañeros me definen como: “Ah, que eres de esos de la narrativa”, y después siempre me dedican una mirada condescendiente. Tras eso salí a recitar un poema, un profano entre poetas. Tratando de resultar lo menos narrativo posible y de disfrutar junto a mis hermanos de esa gran falacia que es el arte.

Al fin y al cabo… ¿Cuáles son las fronteras entre expresiones artísticas? ¿Entre la instantánea y el óleo más efímero? ¿Entre la historia, la prosa y el verso? ¿El paso en el vacío entre un poema recitado y el rap urbano? ¿El fotograma estático del vertiginoso paso de instantáneas de una película? ¿La canción o la tradición oral? ¿La escultura viva de una piedra muerta? ¿Que marca  la diferencia entre una obra de arte y una gran mierda?

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Puede que sea la cadencia, la expresión, el formato o la técnica. O más bien la aceptación, definición, forma y etiqueta que nosotros mismos nos empeñamos en otorgar. Pero lo cierto es que es todo es mentira, la gran y única contradicción que es esa única verdad que define el arte. No existen barreras capaces de limitarlo, es nuestra mente la única que erige fronteras, incapaz de definir el concepto de forma estática.

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Muchos se sorprenden de que un cantautor haya ganado el Nobel de literatura. Se puede estar (de a) cuerdo o no, pero es mostrar un gran desconocimiento de la poesía y la literatura negarle tal honor. Es importante para disfrutar de una buena sombra conocer la semilla de la que el árbol nace y las raíces que sustentan sus ramas.

La literatura, que llegó en esencia de la tradición oral de transmitir historias o fábulas moralizantes, se transformó poco a poco y dio paso a la música, la poesía y el teatro. Siendo estas tres siempre hermanas mellizas destinadas a ir siempre de la mano, aunque no siempre se comprendan o se lleven bien. La literatura es una maravillosa consecuencia escrita de éstas y por lo tanto simplemente indivisibles. Un formato diferente de una misma expresión artística.

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Aunque su obra completa transcrita probablemente no alcance más que para un poemario, y más bien corto, es innegable que Dylan formó parte de un movimiento músico poético que fue capaz de cambiar el mundo a mejor, y eso es algo superior a cualquier Nobel.

Su obra tiene belleza, lírica y una gran sensibilidad. Y lo que es más importante, un gran compromiso con la sociedad, los derechos humanos y la no-violencia. Le ha sido otorgado el Nobel de literatura, pero bien podría haber sido el de la paz y probablemente a nadie le hubiera extrañado.

Es una figura imprescindible del siglo pasado, un trovador que sobrevive a nuestro tiempo y una leyenda cuya fama nos enterrará a todos. No se puede negar que si un músico es merecedor de tal galardón, ese es Bob Dylan.

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No obstante tenemos que definir el Nobel de literatura como un reconocimiento a aquellos escritores que han dedicado su vida a promover la literatura y mantener esa luz que a todos nos ilumina aún vigente. Aunque a veces parpadee.

Bob Dylan es un gran poeta, un trovador si se prefiere. Ni siquiera lo vamos a discutir. Durante su vida ha obtenido cualquier reconocimiento imaginable en el campo de la música, mientras muchos escritores, que han dedicado toda su vida y son merecedores de tal reconocimiento, permanecen en la sombra.

La organización ha declarado que el motivo para conceder el Nobel de literatura a Bob Dylan es, y cito:

«Por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción»

Entonces… ¿porque Bob Dylan y no Bob Marley?, ¿o John Lennon? ¿Es capaz alguien de escuchar What A Wonderful World de Louis Armstrong sin que se le ponga la piel de gallina?

Hace unos días mencione erróneamente y con ironía que Paulo Coelho había sido galardonado. No lo voy a negar, me alegré mucho cuando me enteré de que estaba equivocado. Pero que me parezca que el universo conspira para librarnos del autor del Alquimista no significa que piense que Bob Dylan sea el que más indicado para el galardón.

Se ha mencionado mucho a Murakami, un auténtico maestro de las letras, con una técnica incuestionable, que lleva años rozando el Nobel con la punta de los dedos sin llegar a alcanzarlo. Ngugi wa Thiong’o, Don DeLillo o la escritora Joyce Carol Oates también han sido considerados como posibles candidatos. Puede que pese a merecerlo nunca lleguen a recibirlo en esta vida, como tantos otros autores a los que el Nobel probablemente no valore jamás.

Bob Dylan es un omnipresente cuando pensamos en los años 70 y actualmente es un autor de culto que llena estadios y los convierte en una misa de adeptos. Pero pensando en ese movimiento que cambió el mundo no puedo evitar pensar en el poeta Allen Ginsberg, que no ganó el Nobel de literatura, ni el Pulitzer del que quedó finalista, pero que dio paso a un movimiento social y cultural que sirvió de inspiración para el propio Dylan.disk32-0111

Por no hablar de tantos otros como Cortázar que reinventó todo un género, Nobokov, Kafka, Borges o Tolstói. (Probablemente éste último nunca ganó porque nadie fue capaz de terminar uno de sus libros sin quedarse dormido).

Como tantos otros escritores y poetas que jamás recibirán un Nobel. Ocasiones que se perdieron en la lluvia y que jamás regresarán. Tormentas que pasarán de largo sin calar los huesos de ningún público febril. Porque el mayor escritor es en ocasiones el que no ha escrito ni una sola palabra, o el que nunca se hará famoso.

Otro de los datos a tener en cuenta del premio Nobel es la ínfima cantidad de premiadas a lo largo de la historia. Tan solo 13 mujeres han sido galardonadas con el Nobel de literatura frente a los 93 hombres que sí fueron premiados. Una injusta marginación en el que las mujeres representan una proporción mucho mayor, tanto escritoras como lectoras. El escarnio aumenta hasta la aberrante cifra de solo un 5,28% de mujeres premiadas en el resto de categorías del Nobel.

La discriminación racial y el pírrico número de personas de color premiadas también hace sentir su ausencia. Y eso que los negros en la literatura son bien conocidos, o más bien no, escritores de alquiler que han realizado por encargo cientos de obras para otros autores reconocidos. Se escucha el rumor (y si no yo me lo invento), de que Will Smith, Spike Lee, Jada Pinkett, Denzel Washington y Samuel L. Jackson amenazan con boicotear la literatura y se niegan a actuar en más adaptaciones de novelas hasta que los suecos se muestren más razonables.

Ante este controvertido baremo podemos percatarnos de la que la decisión del Nobel no es influida únicamente por motivos desinteresados o filantrópicos. Seamos sinceros, Bob Dylan no ha ganado el Nobel por sus méritos, aunque me reitero en que los posee en abundancia. Ha recibido tal galardón porque es popular y un gran reclamo. En los últimos años el prestigio del Nobel y su importancia ha menguado considerablemente. Ya se sabe que cuando la lista aumenta no resulta tan exclusivo pertenecer al selecto club.

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Convertir a un rockero en literato es el último aullido de la institución sueca para repuntar en los medios. La polémica genera titulares, visitas, menciones, difusión y la permanencia en un mundo digital cada vez más ajeno a las viejas costumbres. Una batería de misiles populistas desplegada para hacer frente a los nuevos tiempos y combatir la invasión de la Pseudocultura en su propio terreno virtual.

Una campaña de marketing perfecta, solo hay que ver la cantidad de artículos al respecto en internet. Puede que los próximos ganadores del Nobel de literatura sean autores como Neil Young o Johnny Cash. Probablemente de no ser demasiado evidente se lo hubieran otorgado a Justin Bieber, así se asegurarían ser tendencia en todos los medios y redes sociales durante meses.

Me alegro de que Dylan se halla llevado el Nobel, me entristece que tantos otros permanezcan en la sombra. Solo puedo recomendaros la lectura de su último libro, o esperad a la película, que probablemente llegue antes.

Mamá quiero ser artista, ser protagonista. Llenar estadios de fútbol, firmar los pechos de admiradoras enloquecidas que caminan gracias a un andador para ancianos y escribir como Bob Dylan. Lo juro, aprenderé a tocar la armónica y la dichosa guitarra que me atormenta en una esquina de la habitación y seré mejor escritor por ello, o puede que no.

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