Es Navidad, hou hou, noches de paz, de dicha y comunión entre hermanos, hou, hou. Felicidad enlatada, envuelta en papel de estridentes colores, la hipocresía de cada año. Otro año más que desperdiciamos mintiendonos a nosotros mismos tratando de aparentar lo que no somos y sentir lo que no alcanzamos. Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana, que no me dignaré ni a llamarte por teléfono, hou, hou, hou.

En Navidad las sonrisas se congelan hasta la primavera, ayudamos al prójimo, nos vestimos de gala, felicitamos el año, celebramos el nacimiento de una religión que ni siquiera seguimos y damos de comer al indigente. Nos importa una mierda que al día siguiente se muera de hambre, hou, hou, siempre que no tengamos que presenciarlo nos sentiremos bien con nosotros mismos. Es Navidad y somos buenas personas, hasta los violadores brindan junto a sus familias, bajo el abeto todos damos el mismo muérdago, hou, hou, hou.

Las luces de Navidad se encienden cada vez antes, alumbran el otoño de un invierno que se prolonga. Somos ciegos al cambio climático, hou, hou. Quemamos la vida, derrochamos electricidad, encendemos las luces, la calefacción y derretimos los polos, hou, hou. Cabalgatas, desfiles, despliegue de ornamentos con una estética prefijada sin ningún sentido más allá de las campañas promocionales. Tras la Navidad nuestras neveras atestadas vomitan comida que se pudre en el vertedero de nuestra conciencia. En febrero el mendigo al que diste cinco euros morirá de hambre, congelado en nieves tardías de nuestro espíritu navideño, hou, hou, hou.

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Nos cargamos de propósitos baldíos, de promesas que se quedan a medio cumplir en cuanto los espumillones caen del árbol y las luces se apagan. Durante unas semanas tratamos de convertirnos en seres luminosos, insensibles a las sombras que en nuestro interior habitan. Nos reunimos con nuestra familia, demostramos lo bien que nos va y lo buenos anfitriones que somos, hou, hou. Mentimos, reímos, nos emborrachamos y volvemos a mentirnos a nosotros mismos. El próximo año será distinto, sólo porque es Navidad, sólo porque alguien nos dijo que todo iría bien. Hou, hou, hou.

La Navidad es una época maravillosa, hou, hou. Es nuestra versión mejorada de un año que finaliza, de una esperanza que renace. Una panacea multicolor extraída de una promesa  que dilatamos mientras resulte rentable rentable. Un destello que nos ciega, una muerte lenta y agónica, hou, hou, hou.

61c3030d5012398c7ec532570f7a8050En estas fechas no sólo nos bombardean con millones de anuncios que penetran en nuestra conciencia de forma subliminal. Necesitamos el consumo, necesitamos la felicidad encapsulada que nuestro esfuerzo nos proporciona, hou, hou. Compramos amor, compramos tiempo, perfumes de marca, ropa que se apolilla en el fondo del armario y sonrisas de niños con valores distorsionados. Somos los reyes magos, somos los dueños de una tarjeta de crédito que tiembla de frío durante todo el año, hou, hou, hou.

La Navidad es para los niños, son los únicos que la disfrutan de forma pura. El resto somos muñecos de paja. Regala una sonrisa y muere un poquito más por dentro, hou, hou. Formamos parte de una estación diseñada en la que nuestro tren siempre pasa de largo. Los publicistas nos imponen un concepto erróneo de felicidad perpetua. Las felicidad como estación y objeto de consumo, si podemos comprar un televisor con setecientos canales cómo no vamos a poder comprar nuestra propia satisfacción, hou, hou, hou.

Y ahí es donde radica nuestro principal error. Como seres humanos aspiramos a la felicidad como recompensa por nuestro esfuerzo, nos frustramos si no la alcanzamos y envidiamos a todo aquel que parece feliz, o que finge serlo. Somos animales de rutina, bueyes que caminan con un velo sobre nuestros ojos hacia un destino del que pretendemos huir, sólo para despeñarnos en el precipicio donde termina nuestra quebrada existencia. Hou, hou, hou.

e61a4b1d35a6e175180ddba1d9ce8b4bPrecisamente en esa imagen preconcebida de la felicidad como abrigo es donde radica nuestra condena. Curiosamente, en estas luminosas fechas es donde habitan nuestros mayores abismos existenciales, hou, hou. Las depresiones son habituales en un margen que nos empuja contra una pared recargada de ornamentos pasajeros, hou, hou, hou.

Las tasas de suicidio se disparan en Navidad, hou, hou. Está prohibido difundir las cifras reales debido al efecto contagio, pero de los aproximadamente setecientos suicidios anuales, un tercio se llevan a cabo en Navidad hou, hou. Mientras lees este artículo alguien está lanzándose desde un quinto piso o planea hacerlo en las próximas horas, hou, hou, hou.

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La alegría es contagiosa, pero aún más lo es la depresión, que se intensifica y expande en Navidad hasta alcanzar al más lozano, hou, hou. A efectos psicológicos la depresión navideña tiene una explicación nostálgica. Nos asalta la soledad, incluso cuando nos vemos rodeados de todos aquellos que nos acompañan. Sentimos la pérdida de aquellos que ya no están, de la vida que se esfuma entre nuestros dedos sin que podamos hacer nada para detenerla. Los años que pasan, como los recuerdos que se alejan y las promesas que rompemos, hou, hou, hou.

A nivel sociológico, la depresión navideña tiene otra explicación. Muchos sentimos que no encajamos en las convenciones establecidas, en los anuncios de cava y turrones que siempre regresan por Navidad, hou, hou. Piezas que no logran completarse con el molde en el que se esfuerzan en introducirnos. Cuando no hallamos  la felicidad prometida con cada desembolso de capital sentimos la frustración de un nuevo año que nos esquiva, hou, hou, hou.

ce4f5d8d3689275c2fc2b1a1a5cc0bb0Puede que no todos seamos iguales, y que no deseemos esa falacia con la que la Navidad nos cubre, hou, hou. Somos personas reales, no estereotipos sonrientes de anuncios de coca cola. Reímos, soñamos, sufrimos, y lloramos. Tratamos de obtener una felicidad que nos es esquiva y que en muchas ocasiones envidiamos. Pero la felicidad eterna no existe, sólo la hipocresía de aquellos que proclaman poseerla, hou, hou, hou.

Queremos ser copos de nieve descendiendo plácidamente sobre tejados de pizarra, no los seres imperfectos y defectuosos que en realidad somos, hou, hou. La felicidad se derrite entre nuestras esperanzas, nos frustra, nos deprime de tal manera que somos incapaces de reconocer. La felicidad es frugal y si tratamos de conservarla se desvanece, por mucho dinero que le dediquemos. Es un concepto maldito, una recompensa amarga y con repercusiones catastróficas, hou, hou, hou.

La felicidad dura lo mismo que un suspiro, una carcajada, un orgasmo, una caricia o una sensación de plenitud que nos explota en el rostro como un globo repleto de bilis, hou, hou. La felicidad dura una vida, o el tiempo que tarda la muerte en alcanzarnos, un segundo, un instante, hou, hou, hou.

Esa es nuestra única recompensa real, la sensación de permanecer vivos. De mantener la esperanza y luchar por el control de decidir por nuestro propio destino, incluso cuando parece fijado por los hados más crueles, hou, hou. La felicidad es una flor que se marchita si la arrancamos del suelo, un haz de luz que se desvanece en cada tormenta. Los anuncios nos engañan, pero está en nuestra mano dejarnos engañar o continuar la corriente. No somos una masa homogénea si no individuos únicos, complejos y difíciles de clasificar en estudios de mercado, hou, hou, hou.

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Mandemos a la mierda las etiquetas y los convencionalismos, las costumbres extendidas y las fechas pactadas y disfrutemos de la vida todo el año, no sólo en Navidad, hou, hou. Disfrutemos de nuestra depresión, de nuestras decisiones erróneas y aceptemos nuestra propia imperfección. Seremos mucho más felices si no tratamos de alcanzar ese sentimiento a toda costa, si nos esforzamos en desarrollar nuestras metas en lugar de comprarlas a precios desorbitados, hou, hou, hou.

Si sientes la soledad aprende a disfrutarla, pues así apreciarás  aún más la compañía de tus seres amados, hou, hou. Márcate objetivos realistas a corto plazo. Comparte aquello que te diferencia sin obsesionarte por ello y atesora esos preciosos instantes junto a tus familiares, nunca se sabe cuándo dejarán de compartir tu mesa. La Navidad tiene facetas maravillosas horriblemente compartimentadas en sólo dos meses del año.

¿Por qué no amarnos todo el año?

¿Por qué no reunirnos con nuestros seres queridos habitualmente?

Haz que este año entrante arda con hechos y no con propósitos. Disfrutemos de la felicidad pasajera, de destellos fugaces y sonrisas auténticas, hou, hou. La navidad puede ser alargada por motivos comerciales, o ser parte de nosotros durante toda una vida.

Feliz Navidad, hou, hou.

Feliz depresión, hou, hou, hou.

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