El absurdo ha dado un paso más hacia el oscurantismo de una época que creíamos superada tras los fascismos del siglo XX,  un nuevo medievo cultural al que se empeñan en dirigirnos personajes tan histriónicos como Trump. Bufón de la corte y estrella de su propio reality show, reconvertido en el hombre más poderoso de la tierra por un electorado moldeado a golpe de campañas de marketing meticulosamente diseñadas.

Tras confirmar la construcción de un muro que separara Estados Unidos del resto de América, no solo de México, Trump decide aislar su país con un cierre total de fronteras a todo inmigrante ilegal y la imposición de desproporcionados aranceles a la importación extranjera. Para una mentalidad absolutista e incapaz de contemplar matices como la del presidente norteamericano, ilegal es todo aquel individuo que no resulte rentable o económicamente provechoso.

Puede que pronto sea ilegal todo aquél que no comulgue con sus ideas.

Donald Trump

Son la bandera del terrorismo, la delincuencia y la nacionalización del empleo las excusas que ha utilizado para quebrantar todos los tratados de las Naciones Unidas negando el asilo a los refugiados,  inmigrantes con vínculos familiares en el país y a los nuevos conciudadanos capaces de aportar su experiencia a esa América grande, diminuta por su actos, de la que tanto presume. Prohibición que se ha extendido a todas las naciones musulmanas, salvo aquellas con las que mantiene intereses económicos y tratados de comercio como Irán.

En la frontera no solo se han detenido Mexicanos arquetípicos repletos de tatuajes y bigotillo mafioso o musulmanes vestidos con chilaba. Ya se sabe que todo catalán es tacaño, los vascos nunca follan, los argentinos no callan y todos los árabes son terroristas. Como en la película La Terminal, en la que Tom Hanks quedaba varado en el aeropuerto tras la desaparición de su país, miles de personas han quedado atrapadas en un limbo administrativo de una ley deliberadamente ambigua. La situación es tan absurda que 1800 empleados de google y antiguos traductores del ejército americano en la guerra de Irak, continúan a la espera de saber si podrán continuar desarrollando su vida con normalidad.

A muchos la broma comienza a resultarles indigesta y desean despertar, y gran parte de la sociedad americana ya comienza a hacerlo. Al igual que el movimiento estudiantil, que dio comienzo en la universidad de Berkley y se trasladó más tarde a la Sorbona de París, el germen de la revolución comienza a propagarse por la aletargada sociedad norteamericana.

La multitudinaria manifestación que surgió de forma espontánea en el aeropuerto J.F.K de New York se extendió rápidamente a otros aeropuertos estatales. La tensión aumenta en un país en el que un ostentoso nudo de corbata no deja de estrangular la garganta de sus ciudadanos.

Con el anuncio de la construcción del muro, la bolsa y los grandes mercados, sin valores, aumentaron hasta cifras récord.  Las compañías energéticas y los conglomerados de construcción se frotan las manos. Los oligopolios saben que ha llegado su momento, el momento de crecer a costa de los derechos humanos sin las trabas de los engorrosos tratados de medio ambiente. El beneficio inmediato a costa de pagar un alto precio a largo plazo.

Trump pretende sacar todo el partido a la situación en el menor tiempo posible, consciente quizás de las altas cuotas de descontento de la sociedad americana.

6b2118700f2a8e620592b6263743ead7Las manifestaciones que bloquean los aeropuertos son tan solo las últimas de una larga lista. Las ciudades santuario como New York, Washington o San Francisco, históricamente denominadas así por ofrecer asilo a los afroamericanos perseguidos por los estados confederados, no se han dejado amilanar por las amenazas de grandes sanciones económicas y se han negado a aplicar el decreto de extranjería impuesto por Trump.

El presidente electo, por estados pero no por número de votos, se enfrenta a una gran resistencia incluso en el seno de su propio partido y ya ha movilizado algunas de las marchas más multitudinarias de la historia, como la marcha por los derechos de la mujer tras su investidura.

Las protestas se suceden en una población más confrontada y a la vez más unida que nunca. Trump es un hito histórico capaz de unir a colectivos tan dispares como el afroamericano, colectivos musulmanes, LGTB, feministas, colectivos por los derechos humanos o del medio ambiente.

Se gesta una revolución similar a la marcha por los derechos afroamericanos liderada por Luther King. Es la semilla de una revolución ideológica donde no destacarán grandes figuras sociopolíticas. El siglo XXI e internet han sustituido los activistas destacados por un colectivo de individuos anónimos capaces de movilizar miles de personas en apenas unas horas.

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Europa, Inglaterra, Estados Unidos y Rusia se blindan, con una preocupante tendencia hacia la intransigencia y el proteccionismo que solo puede derivar en el conflicto. Una búsqueda constante de enemigos para manipular a las masas temerosas y a los ciudadanos de a pie. La memoria es un factor decisivo en nuestra época.

Tras las grandes crisis es cuando se avecinan las grandes guerras.

Estados unidos se enfrenta a una grave crisis de identidad. En américa del norte no hay americanos, solo inmigrantes europeos, africanos y asiáticos con poca memoria histórica. Los verdaderos americanos viven marginados en reservas que aquellos que les arrebataron sus tierras explotan vorazmente, como el oleoducto paralizado durante años en plena reserva Sioux, que Trump ha impulsado de nuevo.

Sus votantes no solo parecen olvidar que  su país está construido con el esfuerzo, el sudor y la sangre de los millones de inmigrantes que la hicieron grande, o los verdaderos valores de la libertad de la que tanto se enorgullecen, también demuestran una total falta de revisionismo al caer en lemas tan crispantes como “Make América great again”, tan similar a otros lemas dictatoriales como aquella “Una españa grande y libre” de Franco o el “Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer” de Hitler.

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Negociador nato, o negociator, como le ha apodado Carlos Slim, importante empresario mexicano y cuarto hombre más rico del mundo.  Trump es una gigantesca paradoja. Un multimillonario que utiliza el descontento contra el establishment y maneja como pocos las situaciones de caos y convulsión social en su provecho. Figura de nuestro tiempo, con su celebre “you are fired” como lema de cabecera, que comienza a resultar más aterradora que controvertida y que delega responsabilidades de gobierno y comercio como un auténtico cacique en su hija Invanka y su marido, el joven millonario Jared Kushner.

Un diplomático carente de diplomacia, que tensa las relaciones con el resto de países y lleva hasta el extremo de resultar humillante las demandas a México en relación con la financiación del muro. Relaciones que degenerarían rápidamente en un conflicto armado de no ejercer su descomunal peso como medida abusiva, digna de un matón de instituto.

Su apoyo al Reino unido y su salida de la Unión Europea no es casual, ni un detalle de poca importancia, ni el apoyo que parece ofrecer abiertamente hacia su homónimo ruso. Trump busca la desunión como un tiburón en busca de un rastro de sangre en el mar, aquella máxima en la que insiste el arte de la guerra, en la que para vencer al enemigo primero hay que hacer que se separe, y para Trump todo el planeta parece ser su enemigo.

No podemos desechar a la ligera las declaraciones en las que ha asegurado abiertamente que la tortura es efectiva e insinuado su utilización si la situación lo “justifica”. Bajo la piel de la cebolla siempre se esconden cientos de lágrimas, y bajo esa célebre melena rubia cada día parecen más tangibles aquellas teorías, casi conspiranoides, que hablaban de manipulación electoral y utilización indiscriminada de los servicios de inteligencia  y de hackers rusos como herramienta de control.

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Aquellos que le votaron, la clase media, blanca y acomplejada, ven cumplir sus deseos más racistas.

Puede que llegue el momento en el que descubran que Trump no es el genio que creían, si no aquel djínn de las leyendas beduinas que retuerce tus sueños hasta convertirlos en pesadillas.

Las banderas confederadas vuelven a ondear con fuerza y se extienden sutilmente de sur a norte, cubierta con el rostro de Washington a modo de sátira en cada el billete de dólar.

En Estados Unidos pronto todos estarán despedidos, al menos todos aquellos que no resulten productivos, o que no puedan ser utilizados en esa gran rueda económica de un monociclo sobre el que la sociedad americana se balancea.

Hoy sobra el extranjero, el presunto delincuente, aquel que molesta al dogmatismo patriota y que quiere robarte el trabajo y las mujeres. Pero la rueda siempre gira, tras los extranjeros sobrarán los pobres, los enfermos, los discapacitados y cualquiera que no aporte su granito de dólar a ese gran muro, a ese gran sueño americano en el que unos pocos afortunados fagocitan a una gran mayoría.

En esta gran América, big and great again, puede que mañana sean los paletos blancos que votaron a Trump los que sobren.

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