Una drag crucificada, un oscar de estaño, un obispo escocido, un monumento al franquismo, un presidente fumado, una luna de fuego y un autobús transfobo

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Con este irreverente subtítulo uno espera encontrarse el culmen de lo absurdo, un guión desestructurado de los Monty Python, una muestra del surrealismo de Berlanga o un drama costumbrista de Almodóvar ambientado en una postguerra que se sale de madre y una sucesión de labios pintados de rojo putón, curas seducidos por monaguillos aviesos, conflictos sin resolver entre aldeanos en disputa por la herencia de una cabra vieja y amores prohibidos entre un republicano cojo y una falangista tuerta.

Desconozco si la realidad supera siempre a la ficción, pero desde luego puede llegar a ser mucho más irracional y contradictoria que la obra más delirante de un escritor confinado en un psiquiátrico debido a su largo historial de episodios histéricos y monumentos emblemáticos construidos con las uñas de los pies. Lo habitual entre los autores literarios.

Mientras la luna de sangre eclipsaba el cielo Donald Trump fumaba peyote en el interior de un autobús transfobo de serigrafías arcaicas. En la fox emitían un especial sobre inmigración en el que contaban cómo, aprovechando la distracción ocasionada por un drag queen caracterizado de virgen (una drag virgen, venga ya) en los carnavales de las Palmas de Gran Canarias, los extremistas islámicos atentaban en Suecia como protesta ante la posible exhumación de los cuerpos de Franco y Primo de Rivera del monumento a los caídos.

Probablemente el obispo de Canarias se hallaba bajo el mismo estado psicotrópico que Trump y PricewaterhouseCoopers, ya que alegó que la actuación de drag Sethlas, ganador por absolución del certamen y proyecto de profesor de religión (juro que esto no me lo invento), ha sido lo peor que le había sucedido desde su llegada a las islas canarias. Alonso, con lágrimas en los ojos y las nalgas cosidas para mayor seguridad, asegura que se siente indignado y directamente atacado por la actuación del drag queen.

Para el obispo la performance ha sido la mayor catástrofe acaecida en las islas desde que tiene memoria, poca al parecer,  aún peor que el accidente aéreo del vuelo JK5022 en el 2008. El obispo se siente profundamente escocido, admite que el agravio cometido solo es superado por el histórico fallo en la gala de los Oscars, que cambió un escenario de blancos perfectos por negros de-factos  en un fatídico instante.

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Los grandes genios de la comunicación y la cultura, visionarios adelantados a su tiempo, se han apresurado a compartir ese sentir agrario (solo le faltan los rebuznos), para asegurar que el Drag en cuestión no se disfraza de su progenitora, ya que, tras largas pesquisas y una investigación profunda, han llegado a la conclusión de que su madre no era virgen. En la misma línea de investigación han desvelado que la comedia solo puede realizarse a costa de aquellas creencias, dogmas, religiones o personajes que son ajenos a nuestra persona, nunca a las que nosotros procesamos. 

Alonso y el presidente de HazteOir, paradójica asociación ultracatólica y víctima del lobby LGTB, no descartan iniciar una huelga de hambre en la puerta del Sol como medida de protesta ante el apartheid de lo políticamente correcto y el abuso continuado de la malévola inquisición gay. Queda por ver si la policía local se atreverá a multarlos como lo han hecho con las mujeres que acampan en Sol pidiendo una legislación más justa ante la violencia machista.

Nada de esto parece tener sentido, pero tampoco se le encuentra a lo sucedido durante el pasado carnaval. En estas fechas la realidad se disfraza y aquellos individuos que destacan por cafres e intransigentes sobresalen como ningún otro día entre el resto de mortales.

Yo al menos no le encuentro el sentido. Puede que la comprensión solo esté al alcance de aquellas mentes obtusamente iluminadas, esos genios modernos, casposos y añorantes del cualquier tiempo pasado fue mejor, que reinterpretan la realidad a conveniencia y reiteran como ciencia que al hombre, y destaco bien lo de hombre puesto que a la mujer la relegan a los restos de una costilla desechada en un festín de idioteces, lo moldearon a partir de un bloque de barro, o que el sol orbita alrededor de nuestro planeta (plano como algún que otro encefalograma), semejante a un inspector de hacienda alrededor de un autónomo desprevenido.

Es posible que, debido al influjo de la luna de sangre, salgan a la luz semejantes hechos para-anormales. Es difícil llegar a concebir cómo una organización como HazteOir se escude con una mano en la ciencia para alegar la interpretación parcial de género, mientras atenta con la otra contra el colectivo LGTB y el derecho al aborto,  amparándose en arcaicas creencias de una religión que trata como enfermos a esa supuesta nueva inquisición y de asesinas a aquellas mujeres que abortaron tras una violación o un abuso continuado. Aún más aberrante es el hecho de que una organización como HazteOir sea declarada de interés público, reciba ayudas del estado y sus donantes desgraven impuestos con sus donaciones para un país más intransigente y retrógrado.

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Es un pésimo ejemplo de un país que defiende a capa y navaja albaceteña su pretendida marca España, del que medios extranjeros y figuras prominentes de todo el mundo se hacen eco y condenan. Precisamente es esa caterva de patriotas enquistados en el pasado, los resquicios de esa España, ¡Una, Grande y Libre!, la punta de lanza que se han apresurado a salir en defensa del sentimiento católico y condenar, ¡o sorpresa! que un drag queen desarrolle una actuación transgresora.

Esa actitud desenfadada, irónica, polémica y repleta de humor, es la que caracteriza al movimiento drag. Un espectáculo destinado a pasar un buen rato, a criticar con cierta malicia de reinona encabronada lo mundano, en cuyas actuaciones no dudan en desplegar el cinismo más ácido, la autocrítica y la hipérbole llevada al extremo. Mucho más lamentable me parece el espectáculo dado por obispos que promueven el odio o los periodistas que se sacan selfies frente al memorial de las víctimas de París.

El tiempo es voluble, la velocidad variable y el espacio relativo a la cantidad de estupidez con el que se colme. Es extraño pensar como en una sola semana podemos retroceder de época como quien salta entre números de una rayuela, o se pasa niveles en el candy crush, por utilizar una analogía más moderna.

El autobús transfobo y la blasfemia drag son dos ejemplos opuestos de la libertad de expresión de la que tanto debemos enorgullecernos, no tanto así del nivel intelectual de nuestra sociedad, sin embargo solo uno de los dos conduce al odio, al rechazo y la exclusión, mientras el otro, como mucho, nos puede acarrear una resaca extraña y una inesperada sorpresa bajo el hábito de una noche loca, locaza incluso. Dejo a cada cual la libertad de desarrollar su opinión y sacar sus conjeturas. Siempre que piensen como yo, claro está.

Solo queda tomarnos la vida con humor y reírnos del absurdo, al menos antes de que ocurra otro atentado ficticio en Suecia, Trump declare la guerra al imperio prusiano o la malvada inquisición gay contagie el mariconismo por todo el planeta con la intención de llenarlo con banderines multicolores y unicornios de pelaje rosa.

Siento si esta lectura te pareció ofensiva en algún momento, no me crucifiquen todavía, parafraseando al sabio drag Sethlas en su última conferencia:

¿Quieres mi perdón?

Pues agáchate y disfruta.

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