La revolución del orgasmo

Los tiempos cambian y la pornografía no se resigna a quedarse atrás, se adapta a las nuevas tendencias ideológicas que marcan el compás de una sociedad cada vez más “humanizada” y compleja, que trata de alejarse de los viejos estereotipos de belleza artificial.

Nuestros padres se buscaban la vida para adquirir de contrabando revistas en las que se mostraba algún pezón furtivo y los padres de nuestros padres peregrinaban a los cines franceses con la intención de descubrir un nuevo mundo que no eran capaces de confesar ni al párroco del pueblo.

Quién más y quién menos disfruta de algún momento de satisfacción ocasional, en pareja o en soledad, y las futuras generaciones continuarán haciéndolo con nuevas tecnologías que amenazan con relegar a un segundo plano la interacción humana.

El porno y la sexualidad han dejado de ser un tabú para superar al fin esa hipocresía  de las generaciones que nos precedieron, se ha convertido en un elemento casi natural, que apenas arranca risillas nerviosas. Páginas de citas rápidas, webcams, realidad virtual, festivales eróticos, suscripciones de canales especializados…

El sexo y el onanismo jamás han estado tan “a mano”. Consumimos porno con tal asiduidad que se ha convertido en el contenido más abundante en la red.

La sensibilidad de esta nueva sociedad de click rápido y conciencias pasajeras rechaza cada vez más, por suerte, los arquetipos impuestos por nuestra cultura más arcaica. El maltrato animal, la violencia de género, el abuso infantil, la intolerancia racial y sexual, los sistemas absolutistas o monárquicos, la religión planteada de forma anacrónica y la falta de conciliación en lo referente al medio ambiente son factores de los que empezamos a avergonzarnos públicamente.

Con estas premisas de renovación ideológica nace el porno ético, una corriente que trata de desmarcarse de sus homólogos contemporáneos para mostrarnos una nueva vertiente de pornografía, mucho más actual y acorde con el siglo XXI.

part1

El cuerpo y la mente de una nueva sexualidad

El porno ético sirve de armazón para una estructura que sustenta el porno feminista y da voz a los integrantes más frivolizados de la industria. Similar a la organización de sindicatos y la revolución obrera de los trabajadores agrestes, el porno ético se caracteriza por la aceptación de los actores como empleados con salarios dignos y condiciones laborales óptimas.

Los actores de esta corriente aspiran a ser trabajadores respetados, adquirir derechos laborales y ser protegidos por metodologías responsables,  que incluyen prácticas tan importantes como controles sanitarios habituales que evitan la propagación de enfermedades de trasmisión sexual.

Los estereotipos de belleza, habitualmente exagerados y forzosamente artificiales, dan paso a modelos de belleza más naturales. No se trata de porno amateur, ni de parejas grabando una escena en el salón de su casa, si no de especialistas con cuerpos normales y corrientes, mucho más cercanos a los cánones reales que podemos encontrar en la calle que a los modelos recauchutados y productos de gimnasio a los que el porno y la televisión nos tiene habituados.

Todo es mucho más natural en el porno ético y eso se nota en el rodaje y la producción. Se excluyen por norma escenas en las que sus integrantes no sientan atracción mutua. No tiene porque existir una quimica desbordante entre los actores, al fin y al acabo están trabajando, pero al menos no se siente que la actriz de turno tenga que convertir una cara de asco ante un viejo tripudo en una fuente de interminables orgasmos.

En la carrera por alcanzar nuevos extremos, tendencias sexuales y parafilias cada vez más extremas, el porno ético es una vuelta de tuerca a la mecánica del porno mainstream. No trata de ser más extremo o “hardcore”, en lugar de empeñarse en sobresalir del resto, se esfuerza por redefinir el genero añadiendo valores que adaptan la sexualidad y actualizan el papel de la mujer en un sector extremadamente masculinizado.

descarga

El porno como instrumento feminista

En una industria diseñada por y para el hombre y que sublima a la mujer a un objeto de deseo sin poder ni voluntad, el porno ético feminista busca una posición paritaria. Inconformes por esa marginación a la que se ven abocadas, cada vez son más las mujeres que cambian de rol para introducirse en la dirección de pornografía ética.

No tenemos que cruzar fronteras para encontrar ejemplos significativos. Erika Lust, que inició su carrera frente a la cámara, se ha convertido en uno de los referentes del sector y su productora despunta en una industria cada vez más afectada por la proliferación de contenido gratuito en Internet.

La visión de estas nuevas productoras es diametralmente opuesto a los patrones convencionales. La mujer deja de ser un reclamo sexual con el que fantasear para convertirse en protagonista de sus propias fantasías. Un golpe en la mesa que expone una liberación sexual en la que poder sentir deseo sin culpabilidad ni ser catalogada de zorra o puta. La mujer es libre de querer follar, excitarse y fantasear con la misma naturalidad que un hombre.

Amarna Miller es otro ejemplo a destacar. Esta actriz porno Madrileña, licenciada en arte y autora del Manual de psiconautica, imparte multitud de charlas sobre igualdad sexual con una dialéctica de la que tendría que aprender algún miembro de la academia de las lenguas. Feminista, activista política, animalista y defensora del movimiento LGTB, es a día de hoy la punta de lanza más visible de una lucha no sangrienta que ha puesto en jaque un sistema patriarcal y ha hecho saltar las alarmas de las conciencias eclesiásticas protagonizando los polémicos cortos promocionales del festival erótico de Barcelona.

No se trata de diferenciar clichés ni encasillar deseos. El porno feminista acepta cualquier fantasía, todas son igual de lícitas.  No existen practicas humillantes ni vejantes en un acto consensuado en el que cada integrante impone sus propias limitaciones. Es el derecho a reivindicar un deseo personal independientemente del género o la inclinación sexual.

Las mujeres no tienen porqué sentirse representadas con ese arquetipo de fantasía edulcorada en lechos de satén rosa, glicinas moradas y cowboy mulato cabalgando sin camiseta. En el siglo XXI la mujer puede fumar, votar, llevar pantalones, aspirar a un puesto de trabajo digno y tener fantasías tan “guarras” como las de cualquier hombre, al menos debería.

most-sexually-charged-excerpts-from-erotica-books

¡Nada de misioneros a oscuras! La pornografía como método educativo

En el sistema educativo actual la asignatura de educación sexual se imparte con un método complementario y superficial, en muchos casos impartida de forma ambigua o directamente contradictoria y mezclada con preceptos religiosos.

Los adolescentes inician su exploración a una edad muy temprana y en muy contadas ocasiones sienten esa necesidad de descubrimientos saciada por los conceptos básicos impartidos en los centros de enseñanza, mucho menos con la conversación incomoda que surge entre padres e hijos y revolotea entre metáforas con tintes ligeramente absurdos.

Por lo general nadie nos enseña cuestiones tan relevantes  e imprescindibles en el ámbito sexual como la seducción, el morbo, la fantasía o la infinidad de opciones a nuestro alcance. Un adolescente es incapaz de de contemplar el sexo como medida únicamente reproductiva.

La verdadera educación sexual se margina a los ámbitos sociales, en los que se especula dando palos de ciego hasta que se alcanza algún tipo de iluminación inesperada. Quedaron muy atrás los tiempos en los que los recién casados descubrían sus cuerpos como una novedad y apenas sabían qué hacer.

Actualmente los niños reciben de Internet una oleada de información muy alejada de la realidad que una mente en proceso de aprendizaje asimila como autentica. Tantear a ciegas entre la pornografía habitual lleva en muchas ocasiones a una deformación de las perspectivas y a la adquisición de comportamientos machistas de manera casi subliminal.

El porno ético trata de cubrir esa necesidad educativa con perspectivas reales. A diferencia de sus homólogos incide en el uso de los preservativos como medida preventiva indispensable, e introduce al adolescente en un mundo carente del adoctrinamiento reproductivo edulcorado.

Los adolescentes  no son los únicos que pueden aprender trucos nuevos. El porno ético sumerge al espectador en un universo nuevo de prácticas que pueden realizar sin fracturarse el coxis. La ficción alcanza cuotas casi cotidianas y situaciones en las que podemos sentirnos representados, fantasías que cualquiera de nosotros puede tener y con suerte, con mucha suerte en ocasiones, incluso llegar a realizar.

Similares a mensajes en una botella, las directoras de cine porno ético nos inducen a prácticas más afines con la sexualidad femenina que el porno habitual diseñado para un hombre egoísta y poco dispuesto a aprender “trucos nuevos”. En este tipo de películas podemos “ahondar” en la forma correcta de estimular un clítoris o descubrir la localización de ese milenario tesoro llamado punto G.

Nada de fantasías enlatadas, repeticiones rutinarias o posturas forzadas. El sexo es una maravillosa macedonia que sabe mucho mejor cuando todos los participantes la disfrutan.

fa4d24b4992079c2e953093d4973bbae

¿Pornografía como expresión artística?

La pornografía puede ser realizada con buen gusto y calidad independientemente de las prácticas llevadas a cabo. Incluso una lluvia dorada o un gangbang puede ser representado de forma artística con una fotografía y un estilismo cuidados. No se trata de desarrollar interminables guiones que después el espectador desecha para concentrarse en los diez minutos de “mete saca” imprescindibles, si no de buscar el equilibrio entre planos directos e interpretación que introduzca al consumidor en una aventura capaz de sacarnos de nuestra monotonía diaria durante unos instantes.

Las superproducciones pornográficas han sido sustituidas por escenas directas y sin contenido adicional. Una cámara digital, una habitación de hotel y unos cuantos actores dispuestos son lo único que necesita una producción de bajo presupuesto para empezar a ganar dinero en Internet.

Ante una corriente que busca el beneficio a costa de la calidad,  el porno ético está llamado a marcar una diferencia no solo moral, si no visual y estética con sus competidores.

Por suerte siempre habrá quien sienta la necesidad de sacrificarse por aquello que disfruta, incluso a costa del beneficio económico o el prestigio, para desarrollar su oficio hasta convertirlo en su pasión… y en la de tantos otros.

8e399412ad1c864cecc72799760dc4b3

El porno ético como esparcimiento sano, imaginativo, real y educativo. El porno como herramienta de liberación sexual e igualdad de género, como expresión artística incluso.

Esto es porno, y mucho más.

adc5cbfbae4a98a7874c7dd3da1af6caAlgunas de las productoras que llevan a cabo esta ética son:

XConfessions (Productora de Erika Lust – Barcelona), Virtual Real Porn (Zaragoza), Four Chambers (Inglaterra), Feck (Australia), Abbywinters (Australia), Kink (San Francisco), Naughty Natural (Oakland), Joybear (Barcelona), SexArt (California) y  Crashpadseries (San Francisco).

Charla Sexo, porno y feminismo

https://www.youtube.com/watch?v=2RiyQN1pJeg

Metodología de rodaje de Erika Lust

https://www.youtube.com/watch?v=_kEGyqHmXdo

Porno ético según Amarna Miller

https://www.youtube.com/watch?v=_9Z_7i1GfPc

Anuncios