Labrada en piedra

 

original_c88dc5bb652738e61a478fb971b816b5Praga alberga ese encanto que solo poseen las capitales de los viejos imperios europeos. Un matraz en el que la historia se condensa paso a paso, conjurando el misticismo más barroco y ocultista frente al existencialismo revolucionario, transfigurándose a cada pequeña gota en un místico brebaje capaz de abotargar la mente más lucida.

En la joya de Bohemia todo parece diseñado por un relojero de precisión para encajar de forma armónica, incluso la historia. La revolución de terciopelo, la primavera de Praga, el golpe comunista, la invasión nazi y la disolución del Sacro imperio romano. En sus piedras está el recuerdo de aquellos que la habitaron, como los matemáticos Brahe y Bolzano, o el rabino Löw y su golem de arcilla, cuyo mito representa a la perfección la conjunción entre misticismo, ciencia y el empeño del ser humano por convertirse en dios.

Entre hilos invisibles danzan las marionetas que con tanto asombro recibimos. La lista de ilustres que visitaron la ciudad parece interminable, Sigmund Freud y Mozart la amaban y visitaban a menudo. Kafka en cambio, ahora convertido en un icono de la ciudad, cuya imagen es explotada hasta lo kafkiano, repudiaba a la intelectualidad local y escribía sus obras en alemán.

Gracias a la contradicción pocos representan Praga y su voluble borboteo como el autor de La metamorfosis, cuyo complejo judaísmo le llevó a servir en la misma Sinagoga en la que, se  dice, yace el Golem del rabino Löw.

eedef77246d4cf90f1cbf9a75cf1aaa7En los comienzos de Praga la princesa Libuše profetizó que la gloria de la ciudad se alzaría hasta alcanzar las estrellas.

Propósito en el que se empeñaron sus moradores, o al menos en comprenderlas mejor. La alquimia está presente en la arquitectura de Praga, se extiende por sus entrañas formando las vértebras invisibles que sostienen la ciudad.

El río Moldava traza las calles que fluyen inevitablemente hasta el puente de Carlos, el más antiguo de la ciudad y la obra más visible de los alquimistas de la época.

Carlos IV quería un puente que durara al menos mil años. El emperador convocó a toda una corte de sabios, matemáticos, alquimistas, astrólogos y artesanos a los que desafió a mantener la cabeza sobre los hombros.

Tal como los sabios le convinieron, el emperador colocó la primera piedra del puente el día 9 del séptimo mes de 1357, exactamente a las 5:31. La sucesión capicúa de números primos solo era una parte del complejo ritual. Los alquimistas enterraron un reloj en los cimientos, a cuya mezcla añadieron yemas de huevo que simbolizaban la matriz, y leche para lograr así su transustanciación en un ente atemporal capaz de sobrevivir a la ciudad.

Mitos y leyendas, notas, partituras y un sinfín de teoremas metafísicos. En Praga lo real se mezcla con la ficción, en una fórmula cuya composición enterraron junto al artífice del gran reloj astrológico de Praga a fín de que no volviera a realizarse. Historias que se enlazan de un modo u otro para mantener al visitante pendiente de ese hilo invisible que nos arrastra sin remedio.

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La corte de Rodolfo

 

b8bbb330a8ec5c429380b4c1cecb773bTras la bula emitida por papa el Juan XXII en la que proscribía oficialmente la alquimia del territorio cristiano, sabios de toda Europa buscaron en el reino de bohemia un entorno seguro en el que expandir sus conocimientos.

No todos veían con buenos ojos  aquellos demonios que osaban desafiar las leyes divinas. Los nobles locales por el contrario, más laxos en sus creencias o interesados en los resultados, acogieron en secreto a los alquimistas, y a muchos otros que afirmaron serlo.

Los tratados de botánica, astronomía, biología y geología encontrados en castillos erigidos a lo largo de Moldava dan testimonio del amplio conocimiento que esos sabios legaron. Su función no consistía únicamente en la investigación, también servían como consejeros, ejercían como sanadores y elaboraban remedios de opiáceos que adormecían la mente.

Aquel conocimiento no era barato, los alquimistas demandaban ingredientes extravagantes para sus experimentos que llevaron a la ruina a más de un incauto. Jan Zbyněk Zajíc de Hazemburk, uno de los mecenas más importantes de la época, perdió todas sus pertenencias en la misma búsqueda de la piedra filosofal que obsesionó al emperador Rodolfo hasta el último de sus días.

rudolf2_arcimboldo1Tras burbujear en el atanor, ascender por el embudo de aire y dar vueltas en el serpentín, el nombre de Rodolfo se cristaliza en torno a los alquimistas de Praga de forma inevitable, su historia convertida en nuevo elemento capaz de magnetizar al resto.

Segundo de Hamsburgo y heredero de un legado quebradizo; un emperador dispuesto a entregar su reino a cambio de la fórmula de la inmortalidad.

Criado en la espiritualidad española del siglo XVI, el horror presenciado en un juicio de la inquisición y su crucificada interpretación de la palabra divina le convirtieron en humanista. Rodolfo jamás perdió la fe, la encontró en otras fórmulas que le mostraban un rostro diferente de lo divino, una ciencia capaz de trasmutar el mundo con una conexión más terrenal y tangible.

Rodolfo nunca tuvo interés en gobernar y le aterraba ser asesinado por alguno de sus numerosos enemigos políticos, sobre todo por encargo de su hermano Matías. Harto de las intrigas de la corte, Rodolfo delegó la mayor parte de sus obligaciones a los ministros y trasladó su residencia imperial desde Viena a Praga en 1583.

alchemical_cosmos-1-768x599El traslado del gobierno de Rodolfo marco la época dorada de la alquimia en Praga. El emperador sentía una sed de conocimientos que solo la fortuna de todo un reino era capaz de saciar. Coleccionista infatigable y excéntrico consentido, llegó a poseer una de las mayores colecciones de arte de Europa en la que se incluían animales exóticos, aberraciones genéticas y animales bicéfalos, “el gabinete de las maravillas”.

Patrocinó a reputados astrónomos como Johannes Kepler y su discípulo Tycho Brahe, quien además de (no) asesinar a su maestro, elaboraba milagrosas pociones de oro con melaza para el emperador. Abrumado ante la cantidad de engañosas maravillas que los sabios le presentaban, Rodolfo acogió a Tadeás Hájek de Hájek como asesor personal, le otorgó un castillo por sus servicios y le encomendó la tarea de fundar una academia científica en la que se impartió la alquimia de forma abierta.

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Llegaron cientos de alquimistas a la corte de Rodolfo, no todos de buena fe. Le ofrecieron milagros a un ciego que anhelaba ver y este hizo construir un laboratorio alejado de miradas inquisitivas, en el que podían centrarse en sus estudios sin miedo a ser quemados en la hoguera mientras fingían desarrollar el elixir de la eterna juventud.

Aquel flujo de conocimiento hermético confluía en una mansión muy particular. Su origen data de un pequeño herbolario anterior al sacro imperio romano y puede que en ocasiones aún pueda verse el carnero en llamas que brotaba del laboratorio de alquimia en las noches de invierno.

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El palacio barroco es un centro de energía telúrica donde hierve el tiempo en densidades extrañas. Los alquimistas la llamaban “la casa del burro” y hay quién afirma que se trata de la auténtica residencia del Fausto de Goethe. El autor alemán nunca pisó la finca pero la fama que poseía en el siglo XVI era suficiente para atraer a grandes personalidades como William Shakespeare o Edward Kelley, quien la adquirió en 1587.

 

La escoria que se desvía del hierro candente

 

Falsificador, médium, charlatán, espiritista y capaz de convertir en oro el mercurio.

Edward_Kelly_prophet_or_seer_to_Dr_Dee_02355Edward Kelley, también conocido por el imperio británico como Edward Talbot por sus delitos de falsificación, llegó a Praga precedido por la fama de su maestro Jhon Dee, al que la propia Reina Isabel tenía en gran estima. Dee sentía un gran interés por el plano angelical y Kelley llevaba años utilizando sus facultades como ventrílocuo para hacer surgir la voz de los serafines de una esfera de cristal. Juntos llegaron a desarrollar el idioma enoquiano, la supuesta lengua de los ángeles, en la que escribieron varios tratados que la esfera dictaba.

Con esas dotes para la interpretación y una inteligencia sobresaliente, el taimado Kelley medró rápidamente en la corte de Rodolfo. Afirmaba poseer la fórmula para crear la piedra filosofal y para demostrarlo trasmutó una simple roca en oro frente a un comité de expertos presidido por Tadeáš Hájek de Hájek.

Por desgracia, tras el telón la magia tiene otro aspecto. Kelley cubrió unas pocas pepitas con una fina capa de partículas minerales que ocultaban su verdadero valor hasta que el supuesto alquimista las trasmutaba. Algunos historiadores sostienen que Kelley también disponía de un juego de espejos negros con el que el emperador podía escuchar conversaciones a kilómetros de distancia.

No hay constancia de que Kelley y sus espejos fueran los precursores de la telefonía móvil, sin embargo aquellas pocas pepitas le otorgaron una gran fortuna y un hueco predominante en la corte.

aa983b0bcf52b60f22b6d11ab3217de8La presencia de Edward Kelley se propagó en Praga como la peste, infectando a los nobles locales a los que manipulaba con engaños y mentiras. No pasó mucho hasta que dejó de precisar el sustento económico de su maestro, al que anunció tras una conferencia que el ángel Uriel había ordenado compartir a su mujer. Jhon Dee no dudó de la palabra de Uriel, pero tras acceder a la extraña petición regresó a Inglaterra y no volvió a impartir conferencias con Kelley.

Con el tiempo la relación entre Kelley y el emperador se volvió tensa. Sus escusas marchitaban de tanto ser prolongadas. Su conducta errática y su propensión a las borracheras le mantenían en un trance constante entre barrotes. El emperador acabó encerrando al alquimista por miedo a que huyera a Inglaterra con su preciado secreto.

Edward Kelley era un genio de la estafa, no un atleta consumado. Pagó a los guardias para que miraran a otra parte y se rompió la pierna huyendo por la ventana del cuartel. La libertad le llevó a otra taberna, donde asesinó a otro hombre en una disputa. Logró escaparse de nuevo, pero cojo y empobrecido acabó sus escabrosos días envenenado por su mujer.

 

El fin de una era

 

Rodolfo no logró obtener de Edward Kelley su ansiada inmortalidad, pero su búsqueda le llevó toda una vida, y puede que muchas más.

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La influencia de lo sobrenatural definía las acciones del emperador Rodolfo hasta límites absurdos. Comía y bebía únicamente aquello que sus sabios le dictaminaban, de tal forma que hasta un simple almuerzo se convertía en un complicado ritual. Convencido de estar hechizado envió agentes a medio mundo en busca de reliquias y artefactos que lo sanaran.

Se negó a contraer nupcias debido a la profecía de una hechicera que anunciaba su muerte a manos de uno de sus legítimos herederos y en su lugar tomó como amante a la hija de un vendedor de antigüedades, tan bella como maldita, con la que tuvo cinco hijos deformes y mentalmente perturbados.

A pesar de la presión de la iglesia, Rodolfo mantuvo una estrecha relación con todo tipo de cultos y creencias y llegó a reunirse en secreto con el rabino Löw en las galerías subterráneas del castillo, probablemente para ser iniciado en la cábala y el misticismo hebreo. El pueblo lo tomaba por loco y los nobles le retiraron el escaso apoyo que le restaba.

En sus últimos años de vida el emperador apenas salía de su castillo y cuando lo hacía no era raro verle pasear junto a un majestuoso león, al que llegó a tener en tanta estima que llegó a declararle heredero de la casa real.

Rodolfo fue destituido del trono en 1608. Sus propios consejeros testificaron en favor de su hermano Matías, quien había reunido un gran ejército de tropas y carteras, alegando que el emperador sufría de demencia y era incapaz de continuar gobernando. La traición sumió a Rodolfo en una profunda depresión de la que jamás llego a recuperarse.

300-b0f38c680f (1)Rechazó a la iglesia y se negó a recibir el último sacramento. Murió rodeado de magia deshilvanada y alquimia de latón, consumido por aquellas doradas esperanzas que solo dejaban cenizas. Quedó en sus labios un último poso de inmortalidad con sabor a oro y melaza que aún hoy se alza hasta las estrellas.

El león de Rodolfo pereció aquella noche, junto a sus dos águilas negras y gran parte de la alquimia en Praga. La guerra de los treinta años no tardaría en llegar y la realidad acabó por aplastar los últimos resquicios de magia adheridos a la ciencia.

Una alquimia única e irrepetible, misteriosa, hermética, imposible, y quizás; mucho más real de lo que cabría esperar.

 

Ecos del pasado

 

El rio Moldava es un amante caprichoso y siempre trae consigo consecuencias inesperadas. En la pequeña isla artificial de Kampa, cuyo nombre deriva del otorgado por las tropas españolas durante la guerra de los treinta años, puede observarse las marcas de las distintas inundaciones provocadas por el desbordamiento del río Moldava.

Hay que remontarse cientos de años para encontrar una impronta tan elevada y profunda como la dejada por la gran inundación de 2002. Las inundaciones de aquel año devastaron las orillas del Moldava y convirtieron el agua en fango, del que emergieron las respuestas a algunas de las leyendas más antiguas de la ciudad.

En el proceso de restauración del puente de Carlos IV los arqueólogos encontraron trazas de huevo y leche mezclada con la argamasa, confirmando lo que hasta entonces solo había sido una leyenda.

Pieter_Bruegel_the_Elder_-_The_AlchemistLos hornos volvían a humear, la historia cobraba vida. Mientras los checos se esforzaban en recuperar su presente los arqueólogos destaparon el pasado. Tres túneles recorrían el subsuelo del antiguo barrio judío conectando el castillo y los barracones con los laboratorios de alquimia del barrio viejo, donde finalmente hallaron la receta del elixir de la eterna juventud.

La fórmula resultó ser compuesto de 77 hierbas medicinales maceradas en alcohol y opio.

Puede que los alquimistas no alcanzaran la eternidad pero lograron alterar la percepción del tiempo de aquellos que la consumían; por un módico precio.

El tiempo disuelve las historias que maceran entre vidas. Ya no quedan misterios que la ciencia no logre interpretar, ni milagro capaz de sorprendernos. En la era virtual, en la que crear homúnculos se convierte en un reto viral de internet, la humanidad ha perdido esa inocencia de la que era participe.

Hemos convertido nuestros sueños en diminutas prisiones en las que recopilamos la magia sin percibirla.

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Por suerte nuestra historia aún no está escrita. Más de seis siglos después el puente de Carlos se mantiene en pie, igual que la promesa de la inmortalidad. Los científicos aseguran que la primera persona en alcanzar los 130 años ya ha nacido y se prevé que en los próximos dos siglos la esperanza de vida dejara de ser un factor determinante para el ser humano.

En los laboratorios modernos están muy cerca de trasmutar la energía en materia y los avances en genética nos ofrecen un abanico de posibilidades en cuanto a nuestro destino evolutivo. No hemos logrado convertir el mercurio en oro, pero quién sabe, con suerte algún día lograremos convertir estos pobres trozos de carbón en pepitas de oro.

La humanidad aún es capaz de brillar.

 

 

 

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